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sábado, 29 de mayo de 2010

Perdida .. capitulo 9:Sangre


Capítulo IX: Sangre


(Bella's Point of View)

Era mediados de noviembre y el clima había refrescado mucho, mis pulmones ardían por respiraba el aire congelado. Estaba corriendo con más ropas ahora, pero usualmente me tomaba un kilómetro entrar en calor. Cada mañana intentaba concentrarme en el rítmico rock pesado, pero estaba tan ensimismada en Edward que era imposible.

Los asuntos de la toma de la compañía se habían mantenido en programa, me había estado reuniendo ahora por tres semanas ya con Edward, Jasper y sus abogados. Eran las únicas veces en que le veía y me aseguraba de ello. Nunca, desde aquel único día, intentó hablar conmigo afuera de la oficina. Me decía a mí misma una y otra vez que cada vez era más fácil.

No lo era.

En los días en que le veía mi corazón comenzaba a latir desesperadamente mucho antes de la reunión. En los días en que no le veía, me hallaba sombría, sin poder descansar.

Esta mañana le vería a las nueve.

Podía sentir el crujir de las hojas mientras corría, mis piernas se encontraban cada vez más débiles y mi pecho ardía, pero no dejé de correr. No importaba cuánto lo hiciera, nunca se sentía suficiente. Todavía no lo hacía.

Mientras caminaba hacia la sala de conferencias me di a mí misma otro discurso.

No importa lo que Edward haga, no te enojes, no le dejes ver que reaccionas. Manténte tranquila, Bella.

En realidad no era como si Edward hiciera algo en las conferencias. Aparte de lo sucedido en la primera reunión, se mantenía despreocupadamente silencioso en la habitación. Lo cual no significaba que no estuviera activo. Pasaba todo el tiempo viendo y escuchando con esa mente suya, brillante y perfecta, extremadamente atenta. Si recién lo hubiera conocido, estaría impresionada, sorprendida, y probablemente también me pasaría todo el tiempo mirándole como lo hacían las asistentes femeninas que seguían encontrando excusas para entrar en las conferencias. Cada vez que hallaba a una flirteando o mirándole demasiado, la echaba inmediatamente y algunas terminaban con llamadas de atención en sus cubículos al final del día. No iba a arriesgarme, había entrenado a mi equipo tan bien como era de esperarse sin decirles que había dos vampiros en la habitación.

Había sido una batalla cada vez que nos juntábamos.

Justo cuando doblaba en la esquina, recibí un mensaje de texto. Raramente los usaba, prefería gritarle a la gente en persona. Bajé la mirada a la pantalla y la tensión se hizo momentáneamente a un lado.

'Hola, Bells. Sólo quería saludarte. Te extraño. J'

Era de Jake. No había hablado con él desde que había llamado para mi cumpleaños. Entré a la sala aún sonriendo y vi que Edward miraba mi expresión y luego atentamente mi teléfono. No me digas que ahora puedes leer móviles también, pensé. Lo guardé en el bolsillo de mi maletín y borré la sonrisa de mi rostro, apoyando los papeles en la mesa. Saludé al grupo, mirando el rostro colorado de Harry Banks y la vena palpitando con violencia en su frente. Aparentemente, algo que yo había hecho lo había enfurecido. Solía tener ese efecto en la gente.

- Señorita Swan, ¿cuál es el punto de al jefe de las producciones de la Corporación C en Bélgica para ofrecerle un puesto más elevado si se queda luego de la toma?

Ah, una jugada particularmente astuta si me preguntas.

- ¿Le molesta, señor Banks? - cuestioné inocentemente.

- Eso cuenta como soborno, señorita Swan - dijo acusatoriamente.

- ¿Soborno? - reí, condescendiente -. Lo siento, pero creo que confunde la palabra 'soborno' con 'estrategia'. Es un empleado capacitado y quiero que el negocio continúe con sus éxitos luego de que adquiramos la corporación.

- Moviéndonos un poco rápido, ¿verdad, señorita Swan? - dijo una voz de terciopelo con suavidad.

Me congelé por un momento, marcando la mandíbula. Esa voz hacía que cualquier otro sonido pareciera débil y basto en comparación.

Recuerda el discurso, Bella, me dije a mí misma, intentando calmarme. No funcionó.

- Bueno, no puedo darme el lujo de moverme con lentitud - pronuncié cada palabra mientras le miraba -. La vida es corta y una sola, así que voy a sacarle el mayor jugo posible a la mía. No es como si fuéramos a vivir por siempre, ¿verdad, señor Cullen?.

Jasper suspiró con exasperación y se removió en su asiento. La reacción de Edward fue inesperada. No dijo ni hizo nada, sólo tragó con dificultad y sostuvo mi mirada, paralizándome en mi lugar. La corriente eléctrica revoloteando entre nosotros se rehusaba a desaparecer. Nos miramos el uno al otro con firmeza; tuve que abrir la boca para que llegara más aire a mis pulmones.

En ese momento, alguien tocó la puerta. Había pedido que trajeran el desayuno, una especie de gesto de tregua de mi parte. Las asistentes depositaban las bandejas repletas de platos, budines y jugo en la mesa de banquete en la esquina cuando una de ellas retrocedió y golpeó un carro, que se deslizó hasta donde estaba la otra mujer con una fuente. Todos los vasos cayeron y uno se rompió, cortándole con profundidad la pierna.

Me puse de pie con ansiedad al ver la sangre fluyendo. Sólo podía pensar en Jasper, presente en la habitación. Sabía lo que pasaba ante un corte de papel y esto era mucho peor. Mi cabeza giró violentamente en su dirección y le vi mirar de reojo a Edward antes de disculparse con calma y marcharse rápidamente de la habitación. Me volteé hacia Edward con ojos nerviosos y vi que había dejado de respirar. Me devolvió la mirada y asintió con confianza.

Suspiré, aliviada, y observé la puerta con los ojos muy abiertos: Jasper se había retirado con tranquilidad de la sala. Había trabajo muy duro, estaba orgullosa de él.

Me relajé en mi asiento, pensando que lo peor había pasado, cuando dos hombres de mi equipo ayudaron a la asistenta a sentarse en la silla junto a mí, tomando servilletas y presionándolas contra su pierna. Podía oler la sal y el óxido permanentemente en mis fosas nasales, yendo directo a mi estómago.

Tragué saliva y me llevé la botella de agua fría a la frente, pero nada parecía ayudar. Estaba respirando por la boca pero lo sentía con la misma claridad. Por la comisura de mis ojos la habitación comenzó a dar vueltas y los sonidos se hicieron lejanos. La sala se había puesto boca abajo cuando sentí dos fríos brazos de mármol atraparme y alzarme en vilo mientras él me sacaba del cuarto.

Justo al lado había una habitación vacía. Me sostuvo con un brazo mientras abría la puerta y la cerraba a nuestras espaldas. Halló una silla y se sentó con suavidad, manteniéndome con firmeza cerca de él. Sabía que debía retirarme, pero me acomodé y me relajé contra su pecho, tomando grandes bocanadas del aire puro para detener el mareo. Hubo también otro resultado: podía olerle a él.

Había intentando con todas mis fuerzas no acercarme lo suficiente para poder sentir su aroma. Sabía que si abría los ojos este pequeño sueño acabaría, así que los cerré, convirtiendo esto en un recuerdo que permanecería en mi memoria hasta que tuviera noventa y dos años.

Sentí sus brazos duros, los más fuertes que el mundo conocería, estrechándome. Siempre me había sentido tan segura allí… me perdía en su tacto cada vez que me abrazaba. No tenía idea de cuántas veces me había dormido en esta posición con mi ángel, pero sí sabía que estos eran los únicos brazos que alguna vez querría que me sostuvieran en la noche. Pensé, mientras me acurrucaba contra su pecho, en cómo nunca podía escuchar sus latidos, a pesar de que mi corazón, como ahora, palpitaba lo suficientemente rápido como para compensarlo.

Esto nunca me sucedería de nuevo.

Hubo un tiempo en que me perdía en él. Ahora, estaba perdida de una manera muy diferente.

No podía seguir haciéndome esto.

Mis ojos se abrieron con lentitud y vi que me estaba mirando con los suyos, de un ocre oscuro. Parecía preguntar algo de lo cual quería saber desesperadamente la respuesta.

- Gracias, me siento mejor - susurré con voz áspera.

Tragó con dificultad y alzó la mano para apartarme el pelo del rostro, rozándome la mejilla con los dedos. Sus ojos aún taladraban los míos. Esto era tan parecido a un sueño que olvidé los siete años que habían pasado.

Había vuelto. Era otra vez la chica que anhelaba con desesperación su tacto, que suspiraba de placer cuando las yemas de sus dedos apenas acariciaban mi rostro y hacían mi piel arder, que se sonrojaba simplemente cuando me miraba.

¿Por qué tuvo que dejarme?

Inclinó la cabeza hasta apoyar su frente contra la mía y me escuché gemir levemente.

Ah, Edward, te quiero tanto.

Quería envolverle el cuello con los brazos tan fuerte como me fuera posible, atraerle hacia mí y obligarle a que me dijera que era todo un error. Quería que me dijera que en realidad me había querido todo este tiempo y que me prometiera que nunca me dejaría otra vez.

Cuando fantaseaba, lo hacía hecho y derecho.

Tenía que alejarme de él, esta era la clase de recuerdos que no podría tener, el que le haría a mis defensas un daño que no estaba segura de poder reparar. Me mantuve un segundo allí y luego hice lo que tenía que hacer. Me salvé a mí misma.

Me aparté, poniéndome de pie, y le escuché suspirar.

- ¿Te sientes mejor? - preguntó con calidez.

- Aparte del hecho de que un vampiro manejó el asunto del aroma de la sangre mejor que yo, sí, estoy bien - dije con tanta ligereza como era capaz.

Esbozó su sonrisa torcida y sentí, literalmente, una puñalada en mis heridas. Me alejé de él, avanzando a trompicones hasta la puerta, intentando abrirla, cuando Edward apoyó su fría mano sobre la mía para detenerme.

- Bella, espera - su expresión era cálida y abrasadora. Pareció tomar aliento -. Por favor, ¿puedo verte esta noche? ¿Podemos ir a algún lugar sólo nosotros dos y hablar?.

- No, Edward - no me podía creer que estuviera diciendo eso.

- ¿Por qué no quieres verme? ¿Por qué no quieres estar sola conmigo? - suplicó -. Hay algunas cosas que necesito decirte, Bella. Te prometo que todo estará bien.

Comencé a retroceder, apartándome de él. Me miró, tomó un paso en mi dirección y yo alcé las manos para detenerle.

- Debes mantenerte alejado de mí, Edward - dije con voz decidida. Mis brazos temblaban mientras los sostenía enfrente de mí, buscando con desesperación un argumento para hacer que no se acercara -. Mira – mi respiración era errática - te haré un trato. No te pondré más obstáculos como comer el filete más grande del mundo, pero sólo si me prometes no hablarme más, que me ignoraras en estas últimas reuniones y que te irás tan pronto como terminen nuestras negociaciones.

Su rostro se congeló de sorpresa y luego entrecerró los ojos con dolor.

- Bella, ven conmigo esta noche. No me importa a dónde o cuándo quieras, te prometo que no sacaré a colación la Corporación C ni una sola vez. Sólo quiero hablar contigo…

- No - le interrumpí, sacudiendo la cabeza con vehemencia. Dio otro paso hacia mí y comencé a entrar en pánico -. Por favor - susurré, tragando saliva con dificultad y mirándole, suplicante -. Por favor, tienes que dejar de intentar hablar conmigo. Sólo déjalo, por favor.

Tomó mi mano con suavidad y me acercó a él, pero cuando comenzó a decir algo hubo un fuerte golpe en la puerta. Parecía que se vendría abajo.

Aquella mano junto a la mía se sentía tan bien… era como si allí perteneciera.

Golpearon otra vez, incluso con más fuerza. Me sobresalté, me aparté de Edward y caminé hacia la puerta. Cuando la abrí con cautela, mis ojos se dilataron.

- ¡Bella! - gritó una voz explosiva.

Repentinamente, era atrapada en un masivo abrazo de oso que me despegó los pies del suelo. Me agarré con fuerza al hombre con la fuerza de una bestia, facciones infantiles y oscuro cabello rizado.

- ¡Emmett! - me las arreglé para decir -. ¡Qué bueno es verte! - estaba tan sorprendida. Me soltó y llené los pulmones con aire, aliviada -. No puedo creer que seas tú.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y lancé mis brazos alrededor de su grueso cuello. Me alzó, girándome en el aire y lanzando una carcajada más fuerte que cualquiera que yo hubiera reído en estos siete años.

- Emmett - dijo Edward sin entusiasmo -. Pensé que no llegarías hasta mañana.

- Encontré un vuelo más temprano - le miró con ojos brillantes -. Es bueno verte, hermano.

Unos pocos hombres en el pasillo observaban la escena con expresión sorprendida. Simmons salió de la sala de conferencias y cuando vio a Emmett girándome en el aire vaciló hasta detenerse. Miró su cuerpo bestial de arriba a abajo y se quedó boquiabierto.

- Jod…

- ¡Simmons! - le corté -. Este es Emmett Cullen, otro miembro de la Corporación C.

Simmons se mantuvo de pie frente a él con cautela y volvió a mirarle de arriba a abajo con ojos como platos. Emmett me depositó en el suelo y le tendió una mano que Simmons estrechó mientras miraba su musculoso pecho. Hizo una mueca cuando la apretaba, aparentemente, con una fuerza mortífera.

- Un placer conocerle - estalló Emmett.

- Lo mismo digo – respondió Simmons, frotándose la mano.

Emmett se volteó hacia mí y me tomó de los hombros.

- ¡Estás guapísima, Bella! - dijo, alejándome de él para verme mejor -. ¿No se ve genial, Edward?.

Edward abrió la boca para responder pero yo le interrumpí.

- Emmett, estamos en el medio de una reunión. Ven con nosotros - dije rápidamente.

Intenté mantener la compostura. Sentía el rostro empapado en sudor y me encontraba confusa y débil, pero no por el aroma de la sangre. Comencé a abrirme paso hasta la sala de conferencias, extremadamente consciente de que Edward caminaba a meros centímetros detrás de mí.

- ¿Bella, estás bien? - Simmons se volteó hacia mí.

- Sí - sacudí la cabeza -. Sólo me hace sentir algo mal oler sangre.

- ¿Enfermas cuando hueles sangre? - Emmett giró su rostro hacia mí y su explosiva risa resonó en todo el pasillo -. Oh, Bella, olvidaba lo divertida que eres - se volteó hacia Edward -. ¿Por qué dejaste ir a esta, hermano?

No me volví para ver la reacción de Edward. En lugar de eso, me aclaré la garganta.

- Emmett - dije con voz temblorosa - ¿te quedarás?.

- ¡Demonios, sí! Lamento no estar aquí antes, mi vuelo fue retrasado.

Creo que todos en el cuadragésimo segundo piso le oyeron. Tomé su brazo con ambas manos y aún así no pude rodear sus bíceps. Le di un apretón.

- Te he echado de menos.

Me dedicó una ancha sonrisa y me atrajo hacia él mientras caminábamos hacia la sala de conferencias.

Al terminar la reunión, Emmett ya estaba a mi lado en menos de un segundo.

- Bella, ven conmigo a un club esta noche - su rostro tenía luz propia.

¿Cómo podía decirle que no a una expresión como esa?.

Pero… ¿un club?.

- Yo… es decir… no salgo a clubs, Emmett.

- Eso es porque yo no estaba aquí para invitarte - me rodeó el hombro con uno de sus enormes brazos -. ¡Vamos, será divertido!

- No creo…

- ¿Por favor? - inclinó su cabeza hasta mi oído -. Te prometo que no dejaré que hagas nada humano, como caerte.

- De acuerdo - sonreí. Ni siquiera mis impenetrables defensas podían dejar afuera a Emmett -. Si me prometes que sólo serás tú.

Me miró confuso antes de que la comprensión centelleara en su rostro.

- Oh, te refieres a no traer a Edward - crispó el rostro -. Créeme, fui a un club con él una vez. Nunca lo haré de nuevo, no es para nada divertido, ni siquiera me deja beber - de repente se escuchó un profundo gruñido en la esquina y Emmett suspiró, exasperado -. De acuerdo, no beberé. ¡Jesús! - había volteado la cabeza hacia Edward pero luego volvió a mirarme a mí -. Nos vamos a divertir tanto, Bella. No puedo esperar para sacar a una chica tan guapa como tú a la ciudad.

Reí, poniendo los ojos en blanco.

- ¿A qué hora me recogerás?.

- ¿Qué tal a las nueve? - dijo, sonriendo.

- Te veo entonces - le besé en la mejilla y suspiré -. Debo volver a la oficina.

- De acuerdo - concedió, retrocediendo -. ¡Te veo esta noche!

Entré a la oficina sonriendo tenuemente hasta que cerré la puerta, arrojando el maletín al escritorio.

Ese vampiro manipulador.

Edward estaba probando una nueva táctica, sabiendo que tenía debilidad por Emmett. ¿Pensaba que por que pasara tiempo con él revelaría accidentalmente secretos sobre mi estrategia? ¿Pensaba que su hermano podría deslumbrarme para que le cediera a la Corporación C?. Sabía que a donde fuera que fuésemos esa noche, Edward no estaría lejos. Entrecerré los ojos mientras comenzaba a trazar un plan en mi cabeza.

- Mira y aprende, Edward - murmuré -. Mira y aprende.

El timbre sonó exactamente a las nueve.

- Sube, Emmett - dije en el comunicador. Este vampiro siempre sería bien recibido en mi apartamento.

Me miré al espejo nuevamente para evaluarme por última vez.

Había dejado el trabajo algo temprano para ir a una de esas tiendas que siempre pasaba en las calles pero que nunca observaba. Las calificaba como 'tiendas para chicas divertidas' y nunca había planeado entrar a una. Compré los pares de vaqueros más ajustados que pude encontrar -y que debía admitir que me sentaban muy bien-, además de una blusa de satén rojo sangre y el mejor par de botas negras, unas que acababan justo abajo de mis rodillas y de tacones muy altos. La vendedora me había dicho que era la manera perfecta de vestir para una noche de club en Nueva York y supuse que debía creerle.

Escuché el timbre sonando y, con cautela, avancé con mis 'botas de chica divertida' hasta la puerta para hacer pasar a Emmett. Cuando la abrí, silbó por lo bajo, mirándome de pies a cabeza muy lentamente.

- Demonios, Bella, nos divertiremos tanto esta noche.

Tomé mi chaqueta y mi bolso mientras Emmett me sacaba impacientemente por la puerta. Mientras estábamos bajando en el elevador pude mirarle. Estaba usando una camisa negra que había sido, desde luego, diseñada exclusivamente para él, y que se amoldaba a la perfección. Encima de eso llevaba un fino suéter oscuro que también se ajustaba al pecho, de cuello en V y que mostraba la hermosa y suave piel pálida de sus musculosas garganta y clavícula.

- Usted tampoco se ve para nada mal, señor - dije, dándole un codazo. Lanzó una carcajada juguetona y comenzó a hacerme bailar con gracia.

- Iremos a Northsix - dijo con su baja voz de terciopelo.

Alcé las cejas con admiración. Northsix era un club muy exclusivo sólo para una muy reservada elite social de Nueva York, usualmente donde los fotógrafos iban a tomar sus imágenes de famosos. Debería haber sabido que sólo un Cullen sabría cómo entrar a un lugar así.

- ¡Te va a encantar! - dijo con entusiasmo -. Jet tocará allí. Ni siquiera querrás saber cómo conseguí las entradas.

Intenté mostrarme impresionada. Las únicas veces en que escuchaba música era cuando corría con mi iPod y no sabía en absoluto quién era Jet; a veces oía música en el elevador pero dudaba que fueran canciones de ellos.

Su Ferrari negro rentado estacionó frente a Northsix y un guardia en la esquina nos abrió la puerta. Emmett me ayudó a salir y entramos al club nocturno. Sabía que no había ni una sola chance de que estuviéramos aquí sin ser vigilados e instantáneamente comencé a escudriñar la multitud buscando a un dios hecho vampiro, hermoso hasta robar el aliento y de cabello broncíneo. Resolví que era probable que estuviera donde no pudiera verle. Si alguien podía esconderse en silencio, sin ser detectado, ése era Edward.

Emmett me tomó de la mano mientras nos dirigíamos hacia la recepción para dejar mi bolso y chaqueta y luego me sostuvo en el aire. Todos los miembros de la banda tenían cabello oscuro hasta la altura de los hombros y el cantante líder llevaba unas enormes gafas oscuras. La canción era de ritmo rápido y Emmett me atrajo hacia él, moviéndose de acuerdo al compás.

- ¿Cómo se llama la canción? - grité por encima de la música.

- 'Cold Hard Bitch' - respondió, sonriéndome. (1)

Asentí, complacida, y le envolví el cuello con los brazos, intentando seguir sus movimientos y no prestar atención a la voz en mi cabeza que me gritaba que yo no bailaba, que la última vez que lo había intentado había sido en la ceremonia de mi promoción con un vampiro diferente.

Bailamos un par de canciones y ya me faltaba el aliento. Empezó una lenta y Emmett me acercó a él, esbozando una ancha sonrisa mientras posaba sus manos frías sobre la piel de mi espalda.

- Eres repulsivo, Emmett - bromeé, sacudiendo la cabeza -. ¿Qué diría Rosalie si te viera bailando así conmigo?.

- Tu piel es muy cálida, ¿lo sabías? - se inclinó para murmurarme al oído.

- Creo haberlo escuchado antes - repliqué secamente.

Sonrió y me sostuvo mientras bailábamos el resto de la canción en silencio; le dije que necesitaba sentarme unos momentos y conseguir una bebida. Nos abrimos paso hasta un sitio privado y él me ayudó a sentarme, para luego irse y volver con un vaso de Coca-Cola y otro de un agua que parecía resplandecer.

- ¿Dos bebidas? - cuestioné.

- Bueno - me miró con cierta vergüenza - no sé qué tan seguido beben los humanos y pensé que debería verse que yo también necesitaba una.

Sonreí y me moví para que pudiera sentarse. Se deslizó lo suficientemente cerca como para que no hubiera ni un centímetro de espacio separándonos y me pregunté si esto sería parte del plan de Edward, tanta cercanía con Emmett. Nuestros brazos se tocaban.

Volteé la cabeza hacia él.

- ¿Qué has estado haciendo los últimos siete años?

- Bueno… - comenzó - nos mudamos todos a Nueva Jersey y asistimos a Princeton. Carlisle trabaja en John Hopkins y recientemente empezó a enseñar allí, está tratando sobre el continente europeo en este momento.

- ¿Fueron todos al instituto? - intenté demostrar interés en toda la familia y no en un miembro en particular.

- Todos recibimos nuevos títulos - asintió -. Rosalie en biología, Alice y Jasper en economía y yo en diplomacia - no mencionó a cierto hermano.

- ¿Y cuál fue el título de Edward? - pregunté tan casualmente como me fue posible.

- Oh - miró alrededor, nervioso - él en realidad no asistió al instituto con nosotros - una canción rápida comenzó a sonar y esbozó una reluciente sonrisa, deslizándose afuera de los asientos y tendiéndome la mano -. Esta es una de mis favoritas, tenemos que bailar.

Tomé un gran sorbo y sonreí mientras agarraba su mano y la música retumbaba en el lugar. Era 'Are you Gonna Be my Girl?' de Jet. (2)

La letra vibraba en mis oídos y Emmett me atrajo hacia él, apoyando sus enormes manos en mis caderas. Coloqué las mías en sus hombros y comencé a moverme al pesado ritmo. Había llegado al estribillo y deslizó sus manos por mi cabello, hacia mi espalda. La canción aumentó de velocidad cada vez más y luego la música se detuvo mientras se escuchaba gritar 'Are you Gonna Be My Girl?'.

Repentinamente tomó mi mano y me apartó de él con un giro, tirando luego de mí con fuerza. Me sorprendía qué tan buen bailarín era; además de moverse con gracia, lo hacía bien. Me guiaba con las manos en mi cintura, ayudándome a seguirle el paso mientras la letra resonaba en mi cabeza. Tan pronto como la canción terminó, comenzó otra. Era una lenta y Emmett tomó mis brazos, envolviéndolos alrededor de su cuello mientras se movía lentamente en la pista de baile. Su pecho duro y frío como la roca quedaba al nivel de mis ojos y apoyé mi mejilla contra él.

El club era muy cálido y la frialdad de su pecho me hacía bien. Cerré los ojos y entonces me di cuenta de que la canción que estaban tocando era una romántica. Sería muy difícil concentrarme para poder seguir bailando a ritmo y no escuchar la letra al mismo tiempo. Emmett sintió cómo me tensaba y me apartó de él para mirarme.

- ¿Estás bien, Bella?

- Sí.

Incluso un humano idiota no me habría creído. No tenía ninguna oportunidad contra un vampiro brillante.

- Fue un estúpido por dejarte - dijo con suavidad, recorriendo mi mejilla con la mano. Un sollozo escapó de mis labios y parpadeé con furia.

- En realidad fue probablemente la cosa más lista que hizo en su vida - repliqué sin entusiasmo.

Se limitó a sostener mi rostro entre sus manos y sacudió la cabeza. ¿Podía ser esto parte del plan de Edward?. Entrecerré los ojos levemente. Tenía que volver a poner la mente en el juego.

- ¿Sabes? - me acerqué a él y comencé a juguetear con los rizos en la base de su nuca -. Todavía hay una parte de mi cuento de hadas que puede hacerse realidad - le susurré al oído.

- ¿Ah, si? ¿Y cuál parte es esa? - parecía verdaderamente interesado.

- Todavía puedo ser vampiro - canturreé.

Dejó de bailar y me alejó de él para poder verme, al parecer intentando calibrar si estaba diciéndolo en serio o no. Finalmente, una de las comisuras de sus labios se elevó mientras sus ojos centelleaban.

- Aún eres diabólica, Bella. Casi me engañaste por un segundo.

Volví a juguetear con el pelo en su cuello y me aproximé aún más.

- Estaba hablando completamente en serio - susurré. Abrió mucho los ojos y, por una vez, Emmett se quedó sin palabras. Volví a acercar mi boca a su oído y exhalé mi cálido aliento, tocando levemente con los labios su cuello -. Por favor, Emmett - su cuerpo se tensó y apretó sus brazos alrededor de mi cintura. No podía moverme. Tomé su rostro entre mis manos y llevé su boca a mi garganta, ladeando la cabeza levemente -. Sólo una pequeña mordida - supliqué.

Escuché un gruñido en su pecho, luego el sonido de dos rocas chocando y ya no estaba más allí. Parpadeé con fuerza y lo encontré tirado en el suelo.

- Dios, hermano, te tomó demasiado - dijo con sarcasmo.

- ¡No la toques!

Era Edward.

Estaba agazapado frente a mí con los labios curvados sobre los dientes filosos como navajas, exactamente en la misma posición que había adoptado al protegerme en el claro cuando James me había visto por primera vez. Podía ver sus músculos tensándose mientras se preparaba para chocar nuevamente con Emmett. Sus ojos relucían con ira y su hermoso rostro se hallaba concentrado en él.

La canción terminó justo cuando Jasper se unió a nosotros y fui repentinamente consciente del círculo que se había formado a nuestro alrededor. Cada vez que Emmett hacía el más leve movimiento, Edward respondía ajustando su posición delante de mí. Gruñó cuando Emmett intentó ponerse de pie y supe que tenía que hacer algo. A pesar de lo mucho que le quería tan cerca de mí, tenía que detener esto antes de que los Cullen se expusieran en una escena de una noche de club en Nueva York.

Rodeé a Edward con lentitud y le tendí mi mano a Emmett.

- Lamento eso - gesticulé hacia Edward -. Sólo intentaba sacar a nuestra niñera de las sombras.

Edward se enderezó mientras su rostro mostraba atónita comprensión. Emmett estalló en carcajadas y aún estaba riendo para cuando se puso de pie, apretando con fuerza mi mano.

- Esa fue buena, Bella - dijo con aprobación.

La multitud comenzó a dispersarse, desinteresada, mientras Emmett me recogía por las piernas y me alzaba en el aire.

- ¡Sabía que nos divertiríamos esta noche, Bella! - bramó.

Edward acercó su rostro al de él y me incliné para escucharle.

- Te estás divirtiendo demasiado, Emmett - dijo con enojo.

Su hermano me bajó con delicadeza y resopló.

- Has estado alrededor de ella un mes y no has intentado nada, ¿por qué yo no puedo hacerlo?.

Edward se volteó hacia mí con ojos oscuros, furiosos. Tragó con dificultad y su expresión se calmó levemente.

- Discúlpanos, Bella, necesito hablar con Emmett a solas.

Antes de que pudiera responder, ya lo estaba empujando hacia afuera de la pista. Mientras se alejaban de mí, yendo hacia las sombras, Edward le tomó del suéter.

- ¿Qué demonios crees que estás haciendo? - le escuché decir.

De repente sentí una extrema calidez extenderse por mi cuerpo.

Me volteé hacia Jasper.

- No deberías preocuparte por mí, quizás deberías usar tu magia en tus hermanos.

- No me acercaré a ellos por ahora - rió entre dientes.

Lancé una carcajada y asentí, gesticulando para que me siguiera. Mientras nos retirábamos de la pista bajé los ojos al suelo con el rostro sonrojado, yendo hacia la mesa donde Emmett y yo nos habíamos sentado. Supuse que todos las miradas estaban clavadas en mí porque intentaban averiguar por qué dos hombres increíblemente guapos peleaban por alguien como yo, además de ser seguida por un tercero a un lugar oscuro y privado.

- No hemos tenido muchas oportunidades de hablar, ¿verdad? - ofrecí con tono amistoso.

- Bueno… - Jasper sonrió - no creo que ni Edward ni yo queramos pasar la noche en la cárcel.

- Lo dejaré correr esta vez - le miré, disculpándome -. Además, en unos minutos Emmett y yo nos iremos y tú y Edward podrán quedarse aquí toda la noche si así lo quieren - acerqué mi rostro al suyo con los ojos entornados -. Siempre y cuando no nos sigan más.

- Pasaré el mensaje - frunció los labios - pero te aseguro que no nos quedaremos aquí. Edward odia este tipo de lugares y las chicas de Nueva York son extremadamente agresivas - rió -. No aceptan un no como respuesta.

- ¿Alice se enojaría si supiera que estuvieron aquí? - pregunté.

- No soy yo por el que ellas babean - sacudió la cabeza -. Es Edward.

Tragué saliva con dificultad y tomé un profundo respiro. Difícilmente podía culpar a las chicas de Nueva York por intentarlo. Yo nunca tendría el coraje; era dolorosamente consciente de lo distanciadas que eran nuestras realidades. Volteé el rostro y dejé que mis ojos se posaran sobre Edward un momento. Nunca podía mirarle cuando estábamos en la sala de conferencias, pasaba todo el tiempo intentando no observarle.

Estaban a varios metros pero era fácil ver que Edward estaba enojado. Gesticulaba violentamente hacia Emmett, apuntándole con un dedo al rostro.

Vamos, debía saber que no me transformaría en una pista de baile…

¿Por qué le importaba de todas formas lo que me pasara, o si me convertía en vampiro? Estaba totalmente en contra de ello antes, pero eso era cuando estábamos juntos.

Todo esto era mi culpa, no de Emmett. Intenté dejarlo correr pero mi enojo no me lo permitió. Entrecerré los ojos y me puse de pie, marchando en la dirección de los dos dioses griegos e ignorando al tercero que me seguía intentando convencerme para que volviera y me sentara.

Mientras me aproximaba, podía escucharles hablar.

- ¡Se suponía que debías levantarle los ánimos, no seducirla! - siseó Edward entre dientes.

- A mí me pareció que ella estaba bastante alegre, hermano - Emmett sonrió, juguetón, y Edward le empujó con fuerza en el pecho. El impacto hubiera abierto un boquete en un muro blindado pero él ni siquiera retrocedió.

- La llevaré a casa - dijo entre dientes.

- De ninguna manera - replicó Emmett, riendo.

- Quiero que mantengas tus manos apartadas de Bella - Edward flexionaba los brazos con furia.

- Oye - Emmett alzó las cejas - trataré, pero, ¿qué se supone que haga cuando ella no mantenga las manos apartadas de ?.

La mirada de Edward se volvió asesina y abrió la boca para decirle algo a Emmett cuando me acerqué. Apoyé mi mano en su brazo de mármol y me sentí tomar una brusca bocanada de aire. Mi corazón aceleró su marcha inmediatamente y Edward volteó su rostro en mi dirección, con ojos cálidos y dulces.

- Primero que nada - comencé - Emmett y yo somos adultos y no necesitamos que nos vigiles. Y segundo, aunque me encante ver a Emmett, no necesito que envíes a nadie de tu familia para tratar de levantarme el ánimo. No necesito eso, estoy bien, muchas gracias.

- Está bien, Bella - dijo Emmett, mirando por encima del hombro de Edward -. Mi hermano aún está algo ansioso. Siete años de soledad no parecen haberlo relajado en lo absoluto, sólo está flipando porque piensa que te iba a convertir en vampiro - compuso una expresión de falso miedo al mirar a Edward.

Yo también le miré. ¿Siete años de soledad? ¿Por qué Edward había estado solo desde que me había dejado? ¿Le había perturbado tanto estar con una humana? ¿Estaba cansado de su familia? ¿Estaba enojado porque Alice y posiblemente Emmett le reprochaban el modo en que me había dejado?

Las lágrimas estaban comenzando a abrirse paso a la superficie, llenas de vergüenza y frustración.

- Sí… no he olvidado cómo la idea de convertirme en vampiro te resultaba repulsiva.

Edward se congeló, apartó sus manos de Emmett y se giró completamente hacia mí. Sus ojos dorados eran intensos, con una mirada de completa sinceridad. Me tomó de los hombros con firmeza y me acercó hacia él de modo que pude escucharle por encima de la ruidosa música.

- Bella - me dijo su voz de terciopelo al oído - debes saber que nunca nada de ti me ha resultado repulsivo. Era yo, Bella, yo era el que…

- Eddie - dijo una aguda voz nasal a mis espaldas a través de la música -. Te he estado buscando por todos lados.

Edward miró por encima de mi cabeza e hizo una mueca. Me volteé para observar a una hermosa rubia, alta, con vaqueros más ajustados que los míos y una blusa rosa, enroscándose un mechón de cabello en un dedo y gesticulándole a Edward con la mano para que se acercara a ella.

Volví a girarme mientras un espasmo de celos me recorría. Ella estaba, definitivamente, más cerca de su realidad. Mis ojos se posaron en el rostro de Edward, quien bajó la mirada de la rubia hacia mí, con la cara tan cercana a la mía que si me ponía en puntillas nuestros labios se tocarían. Consciente de que aún sostenía mis hombros, me aparté de él y di un leve paso hacia atrás.

- Diviértete, Eddie - Emmett me tomó de la mano -. Nos vemos en el hotel, no me esperes.

Me arrastró hasta la entrada mientras veía cómo la rubia tomaba mi lugar enfrente suyo.

Emmett me ayudó a colocarme la chaqueta mientras esperábamos al auto en la acera.

- No te preocupes por la rubia - me aseguró.

- ¿Qué? - pregunté, parpadeando con sorpresa.

- Edward ya le ha dicho que se pierda y él y Jasper estarán en el hotel en menos de una hora.

Sentí una corriente de alivio extenderse por mi cuerpo e intenté con todas mis fuerzas reprimirla.

- Edward puede hacer lo que quiera, lo nuestro fue hace mucho - me aclaré la garganta y me encogí de hombros bajo mi chaqueta.

El auto dobló en la esquina y Emmett me ayudó a entrar. Cuando se sentó en su lado, aceleró en el tráfico.

- ¿Y ahora qué quieres hacer?

- ¿No estás enojado porque te haya engañado allá adentro y te metiera en problemas con Edward? - sonreí.

- Primero que nada - resopló con burla - no me engañaste. Y segundo, Edward no es mi jefe. Podría derrotarle.

- ¿No te engañé? - pregunté, girándome para verle.

Me miró y sonrió; cuando mostraba aquellos hoyuelos parecía un niño. Un travieso niño.

- Te estaba siguiendo la corriente, Bella. Sabía que eras consciente de que Edward nos seguía y que tenías un plan - rió entre dientes -. Además, yo estoy implementando el mío propio.

- ¿El tuyo propio? - fruncí el entrecejo -. ¿Y cuál es?.

- Sólo digamos que estaba intentando forzarle - Emmett miraba la carretera con aire pensativo.

- ¿Forzarle? ¿Por qué? - estaba completamente confusa.

- No funcionó tan bien como esperaba - se pasó una mano por el cabello, me miró y sonrió -. Nuevo tema de conversación, por favor.

- Emmett… yo… - le observé, dudosa, mordiéndome el labio e intentando decidir si era o no sensato preguntarle aquello.

- Escúpelo, Bella, puedes preguntar cualquier cosa - su expresión era abierta, alentándome.

Tomé un profundo respiro y lo largué.

- ¿Por qué Edward no ha estado con todos ustedes estos últimos siete años?

Le vi hacer una mueca y su expresión decayó.

- Supongo que no puedes preguntar cualquier cosa.

Mi corazón titubeó. Mi mente vagó por cien diferentes cosas que Edward podría estar haciendo por los últimos siete años y todas ellas hicieron doler mi pecho.

Miré a la carretera.

- Se enamoró de una vampiro, ¿verdad? - dije con suavidad. Era más una afirmación, no una pregunta.

Sentí las heridas de mi torso desgarrándose, abriéndose. Era mejor ahora que sabía la verdad, aquello me salvaría algo de vida.

Emmett estalló en carcajadas. Su risa era musical, plateada, como el repique del viento.

- ¡Demonios, no! - dijo, mirándome. Vio algo en mis ojos que le hizo volverse serio y se aclaró la garganta -. Bella, no puedo hablar contigo de esto. Eso es un asunto de Edward, si en algún momento reúne el coraje para hacerlo - musitó la última parte con tono irritado -. Definitivamente debería hablar contigo en vez de pasar los días en ese estúpido piano escribiendo esa canción.

- ¿Qué canción?

Solía amar ver a Edward tocando el piano, era una de las pocas ocasiones en que su rostro no estaba preocupado o sombrío.

- Olvídalo - gruñó, soltando todo el aire de golpe y poniendo los ojos en blanco -. Sólo diré esto - me miró fijamente. Estábamos entrando y saliendo del tráfico y tenía la misma aterrorizante costumbre de Edward de no mirar nunca el camino -. Las cosas no son lo que parecen, no seas tan dura con el tipo.

Le observé un largo segundo y me removí en mi asiento. Miré al frente totalmente desconcertada; no estaba más cerca de conseguir una respuesta que antes de que hubiéramos hablado.

- ¿No vas a decirme nada más? - intenté que mi voz sonara patética, tratando de tocarle un punto débil.

- Lo has olvidado - bromeó -. Estoy casado con Rosalie, no hay truco femenino que intentes que ella no haya perfeccionado en los últimos setenta años.

Tuve que reír porque tenía razón. Miré el reloj del salpicadero, eran sólo las diez y media de un viernes por la noche en Manhattan.

- ¡Emmett, estamos en la ciudad que nunca duerme, la ciudad perfecta para ti! ¿Que quieres hacer? - otra vez giré todo mi cuerpo hacia él, inclinándome para mostrar mi entusiasmo.

Su expresión era semejante a la de un niño en una tienda de dulces intentando escoger uno. Frunció los labios como si estuviera perdido en sus pensamientos y repentinamente sus ojos centellearon.

- ¡Oye, ya lo sé! ¡Vamos al Empire State!

Reí. Eso era típico de Emmett. Asentí y él condujo hacia el este; cuando llegamos, vimos la larga cola formada a mitad de la calle para entrar. Mis hombros cayeron, derrotados.

- No entraremos allí, Emmett. Cierran la fila a las once y estaremos muy lejos de la entrada.

- Es obvio que no has pasado mucho tiempo con vampiros últimamente - dijo en voz baja, alzando una ceja. Miró a su alrededor y susurró: -. Súbete a mi espalda.

Trepé, lancé una suave carcajada y él se recostó contra el muro junto a la entrada de manera casual para luego, súbitamente, comenzar a correr. Todo era una ráfaga y luego nos detuvimos. Parpadeé para enfocar la vista y vi que estábamos en las escaleras, miré hacia arriba y todo lo que pude ver eran más y más escalones.

- ¿Vamos a subir las escaleras del Empire State? - pregunté, maravillada.

- ¿Qué es eso de "vamos"? - rió, otra vez mostrando sus hoyuelos -. ¿Quieres caminar por ti misma? - bromeó.

Miré otra vez los escalones.

- ¡De ningún modo! - sacudí la cabeza con vehemencia.

- Espera un segundo - musitó, y ya nos habíamos ido.

Mientras apoyaba la cabeza contra su espalda, pensé en todas las veces que había hecho esto con Edward, desde la primera vez en el prado hasta aquel perfecto verano lluvioso cuando me había llevado al bosque con él. Parecía que éramos las únicas dos personas en el mundo.

Por suerte no tuve mucho tiempo para recordar, en menos de un minuto ya estábamos en la cima.

Nos escabullimos en la multitud y nos abrimos paso hacia el exterior.

- Esto se ve bastante diferente a como lo era hace sesenta años - comentó Emmett mientras mirábamos el paisaje.

Agarré su brazo y recosté la cabeza contra su hombro, riendo.

Fueran cuales fueran los motivos de Edward, me alegraba mucho poder pasar la noche con este vampiro en particular.


1- 'Cold Hard Bitch': La traducción literal seria 'Perra dura y fría' aunque en mi opinión suena mejor en inglés.

2- 'Are you gonna be my girl?': "¿Vas a ser mi chica?" o "¿Serás mi chica?".

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Hola Lo unico que puede decir es este capitulo maravilloso es que lo amo de principio a fin !!!!Desde que aparecio Emmett,desde la reunion ..el mensaje de texto ..el baile en la disco !!!Todo ..Y ustedes ??LAP


3 comentarios:

irene dijo...

Hay pobre Edward, pero el que Bella tenga a Emmett, me gusta, y la subidita al Empire, uuuuyyy, genial

te quedo un capitulo bien bonito y espero con ansias el siguiente, un beso y cuidate Lap

Por cierto millones de gracias por los premios, que me regalen uno para mi blog personal es muy importante para mi , gracias de nuevo
nos vemos guapa
irene/esperado anochecer

irene dijo...

Oye cariño, pasate por mi blog que te deje un premio ayer, perdona por no haber podido decirtelo antes un beso de esperado anochecer y espero que te guste.

Beth dijo...

Genial, Lap, me he leído dos capis el mismo día.
Emmet va a ser siempre un bebé, que le vamos a hacer, aunque un bebé muy centrado cuando le da la gana y uno que no suelta prenda: podía haber dado alguna pista (alguna que una persona tan "cerrada" como Bella pudiera pillar).
Está tremenda la historia e interesante. No sé si podré aguantar hasta que vuelvas a subir otro capi sin morderme las uñas, a no ser que sea como0 hoy y me lo encuentre subido: ay, no que mañana es domingo... descansa e inspírate, que te va a hacer falta para saciar nuestras mentes.
Besos, besos