






hOLA mis amoress aqui mostrando algunas fotos nuevas y no tan nuevas xD de Eclipsee !!
YA faltaa porquitoo para su estreno.. a esperar !!! Bessos
LAP








Capítulo IV: Distracción
(Edward's Point of View)Era temprano en la mañana, antes del amanecer. Estaba sentado en el pórtico del lugar adonde había venido a vivir, en Irlanda. La lluvia caía lenta, furiosamente. Nada nuevo; aquí llovía constantemente y el país lo demostraba: todo lo que se podía ver eran puras llanuras verdes… Algo mejor que las selvas de Brasil, eso era seguro. Observé las olas del océano sólo pensando. Siempre pensando. Pensando todo el tiempo.
Me puse de pie y estiré las piernas, aclarándome la cabeza. Había estado aquí sentado casi toda la noche, intentando hacer lo que Carlisle me había pedido: conseguir alguna dirección, conseguir algún propósito en mi vida otra vez, averiguar cómo volver a ser una parte productiva de la familia. Sabía que todo lo que había dicho era verdad, pero simplemente no sabía cómo hacerlo. ¿Propósito? ¿Cuál era mi propósito?.
Entré a la casa y tomé una ducha. Había vuelto de un viaje de caza anoche y se sentía bien sacar la suciedad del cuerpo, además de la comodidad del agua cálida golpeándome los hombros. Coloqué la cabeza justo debajo del grifo y cerré los ojos. Pocas cosas en mi vida eran cálidas estos días.
Encendí el televisor, poniendo la CNN, para ver los reportes diarios y ponerme al día con las noticias del mundo. Nada nuevo, nada que pudiera apartar de mi mente los recuerdos que siempre esperaban pacientemente para poder resurgir de a uno, sosteniéndose frente a mí como una frágil figura.
A veces siete años parecían una eternidad, otras veces parecían sólo un día. Cuando de verdad me permitía caer en la tentación y pensar en ella por días, los recuerdos eran tan vívidos que parecía que recién acababa de verla.
Necesitaba empezar a cursar la universidad, quizás dar clases por un semestre o dos. Viajar por la India. Nunca había hecho eso. Tenía que hacer algo pronto, sólo necesitaba un poco más de tiempo.
Era un constante conflicto interno convencerme de que había hecho lo correcto al dejarla. A veces estaba totalmente seguro de que había hecho lo mejor al librar su vida de mí, en otras ocasiones pensaba que era lo más estúpido que había hecho en toda mi existencia. Me había alejado del único ser en todo el mundo, en toda la historia, que me había hecho feliz, que había amado.
Volví a ella una vez. Hice una mueca ante el recuerdo. En el vigesimoprimer cumpleaños de Bella me había convencido a mí mismo de que ahora que era mayor ella podría hacer una decisión más madura sobre su futuro, creí que comprendería por qué quería que permaneciera humana y entonces podríamos estar juntos.
En realidad, pasé tres años en las selvas de Brasil intentando olvidarla y dándome cuenta de que era inútil. Simplemente la quería. Bien o mal, la necesitaba cerca de mí.
Me había engañado a mí mismo creyendo que aún me querría y que estaría esperando que yo volviera a ella (lo cual no quitaba que planeara rogar por horas). Volví a Forks y conduje directo a su casa, era de noche e intenté entrar por su ventana, pero estaba cerrada; la única manera de haber pasado por ella sería romper el cristal así que rodeé la casa y usé la llave escondida bajo el alero para entrar.
Mientras caminaba pude oler un vago rastro de la esencia de Bella y me hizo detener en seco. Cerré los ojos y millones de recuerdos volvieron, todos juntos. Bella comiendo cereal, haciendo sus deberes en la mesa, acostada en el sofá a mi lado. Tomé un profundo respiro y, sin hacer ni un solo ruido, subí las escaleras. Entré a su habitación y no estaba allí. Había algunas cosas en su armario y su computadora prehistórica y el escritorio aún estaban allí, pero poco más. Me senté en la mecedora y observé su cama, cuyo extremo lucía la manta hecha por su abuela. Por primera vez, su cama estaba hecha.
¿Dónde estaba? La encontraría y haría todo lo posible para recuperarla, pero ¿y si se había enamorado de alguien más?. Pensé en aquella primera vez en que había entrado a su habitación de noche y la había escuchado decir mi nombre. Aún podía sentir la corriente eléctrica que me había recorrido.
Terminé acostado en su cama por el resto de la noche, enterrando el rostro en sus mantas y aspirando lo que quedaba de su aroma, intoxicándome mientras apretaba la almohada entre mis dedos y dejaba que los recuerdos de mi santuario volvieran. Todo lo que quería era acostarme al lado suyo en aquella cama y observarla dormir, quería apoyar mi rostro contra su cabello, sostenerla contra mi pecho. Casi podía sentir sus labios sobre los míos.
Antes del amanecer, bajé de nuevo las escaleras hacia el salón y observé las fotografías que ella odiaba. Una nueva había sido añadida, la de su graduación, y mi estómago se revolvió mientras la observaba. Sus ojos carecían de vida y no sonreía.
Abandoné la casa y esperé a que Charlie se levantara para tocar la puerta. Lucía igual, excepto por una barriga levemente más abultada y menos cabello. Me dijo que ya no vivía en Forks pero que había dejado un mensaje para mí si alguna vez volvía.
Charlie, quien nunca me invitó a pasar, volvió a la puerta con una carta sellada y me la entregó.
- En realidad nunca creyó que volverías, pero esto te ha estado esperando por si acaso - dijo con frialdad.
No podía esperar a leer lo que decía; desgarré el sobre justo enfrente suyo. La carta rezaba:
Lo he superado. No me busques, no me sigas y bajo ninguna circunstancia vengas a mi habitación de noche.
Bella.
Me tomó un momento recuperar la compostura y luego miré a Charlie.
- Por favor, no le diga nunca a Bella que estuve aquí.
Podía ver en sus pensamientos que estaba más que claro que no me quería en la vida de Bella otra vez.
- Oh, no te preocupes, Edward, no lo haré - dijo con voz fría.
Conduje por su carretera por última vez.
Su cumpleaños había sido hace un mes, ahora tenía veinticinco y no podía ni imaginarme lo hermosa que debía estar. Ahora ella nunca querría a un vampiro de diecisiete años. Sabía que debía estar construyendo una gran vida, quizás tenía una carrera… tal vez un esposo e hijos. Cerré los ojos ante el dolor tan familiar.
Fui devuelto al presente por una voz en mi cabeza.
Edward, estoy yendo a verte.
Era Carlisle.
¿Por qué vendría a Irlanda?. Me pregunté si algo terrible había pasado y no quería decírmelo por teléfono. ¿Le había sucedido algo a algún miembro de la familia? ¿Y si había averiguado que le había sucedido algo a Bella?. Nunca me perdonaría a mí mismo por ello, pero entonces tal vez aquello me daría el coraje para hacer lo que debía haber hecho todo este tiempo, ir con los malditos Volturi y terminar con esto. Encontrar una manera de estar con ella en el otro mundo.
Pocos minutos más tarde vi el auto de Carlisle aparcar y le esperé expectante en la puerta.
Todos están bien, Edward. Sólo vengo a hablar de algo contigo.
Me relajé. Carlisle me conocía muy bien, él no necesitaba el don de leer mentes para saber qué era lo que yo pensaba.
Se acercó y me abrazó, sonriendo.
Te ves bien.
- Gracias - dije.
Hablamos sobre la familia y me actualizó sobre todo lo que habían estado haciendo pero, antes de hacerlo más largo, se aclaró la garganta.
- Edward, tengo unos asuntos de negocios importantes con los que tengo que lidiar y creo que tú eres el mejor hombre para el trabajo.
Cuando había venido a la casa había estado cargando un maletín, pero yo no le había preguntado nada sobre qué era. Lo abrió y me entregó un papel, cuyo extremo llevaba el sello de un negocio llamado Berkshire-Hathaway. Había oído de ellos, eran una compañía que se especializaba en destrozar otras corporaciones y venderlas. Estaban en la cima de la cadena alimenticia.
Levanté la mirada de la hoja a Carlisle.
- Esto es un memorándum que ha llegado – dijo -. Léelo, tenemos problemas.
Leí el documento con rapidez. Estaba escrito por un grupo de internos y decía que habían sido asignados para averiguar el secreto tras la Corporación C y quiénes eran sus dueños. El memorándum se refería a la misteriosa persona como 'C'. Se les había dado permiso para hacer lo que fuera necesario para hallar la identidad oculta detrás de la compañía y debían pasar el último mes investigando cada negocio que hubiera tenido tratos con la Corporación C. Aquel que triunfara en descubrir quién poseía la compañía recibiría un increíble ascenso.
Estaba firmado por un tal M. Simmons.
Volví a mirar a Carlisle.
- Sabíamos que eventualmente esto pasaría, ¿por qué no usamos a los dueños falsos para que actúen como si fueran nosotros y dejamos que todo termine? - pregunté.
- Pensé en eso - afirmó Carlisle - pero la razón por la que no funcionaría es porque no están intentando encontrarnos para hacer tratos. Debería haber estado más atento, esta firma ha estado comprando acciones de nuestra compañía en fracciones lo suficientemente pequeñas para que no lo notáramos. Alice no pudo verlo hasta que se hicieron con una cantidad cercana a más de la mitad. Están cercanos a conseguir el cincuenta y un por ciento y cuando lo hagan comenzarán el procedimiento para tomar la compañía y la quebrarán en partes para venderlas al mejor postor.
Alcé una ceja. Carlisle había estado construyendo esta corporación desde mucho antes de conocerme, significaba algo para él y, a medida que nos añadía a la familia, también había pasado a significar algo para nosotros. Nos había enseñado y entrenado y juntos habíamos conseguido algo duradero, simbólico. Este dinero representaba libertad y estabilidad para nosotros, nos aseguraba que no teníamos que depender de nadie.
Dejaría que nos la arrebataran cuando pasaran por encima de mi cadáver.
Lo cual quería decir que no había una sola chance de que aquello sucediera.
- ¿Qué quieres que haga? - ofrecí. Haría lo que fuera que me pidiera.
- Creo que de todos mis hijos tú eres el más equipado para manejar este reto - me miró con sus sensatos ojos dorados -. Iría yo mismo, pero tengo asignaciones en la universidad durante el otoño y empezaré mi nuevo puesto en noviembre. Podría cancelarlo todo…
No le dejé terminar. Le había dejado llevar el peso de toda la familia sobre sus hombros por demasiado tiempo. Podía hacer esto.
- Iré, Carlisle. No te preocupes, no te decepcionaré.
Suspiró con alivio.
- Por favor manténme informado de todo lo que suceda. Iré si me necesitas - gesticuló hacia el maletín -. Allí está toda la información que he logrado obtener de Berkshire-Hathaway y sobre este Simmons que escribió el memorándum. Tus hermanos dicen que ayudarán con lo que sea que puedan. Dime si necesitas algo más.
- Yo me ocuparé ahora - dije con confianza.
Nos pusimos de pie y me abrazó.
- Te quiero y estoy orgulloso de ti - repuso.
Me tragué la emoción. No había hecho mucho para que se enorgulleciera de mí recientemente, pero no le fallaría en esto.
Luego de que el auto de Carlisle volviera a la carretera, me senté y fui directo a mi tarea. Averiguaría todo lo que pudiera sobre esta unión corporativa y los derrotaría.
Sonreí. Esto era una bien recibida distracción, justo lo que necesitaba para, durante un tiempo, apartar mi mente de Bella.
Pasé cuatro días aprendiendo todo lo que pude sobre Berkshire-Hathaway. Carlisle sólo tenía los nombres de las tres posiciones más altas de la compañía. Decidí que eso era prudente, no había necesidad de aprender los de todos los demás. Pasé la mayoría del tiempo aprendiendo todo sobre el fundador viviente, Sterling Hathaway, y su filosofía sobre los negocios. Era al estilo de la vieja escuela, tan rudo como le era posible, del tipo que no deja supervivientes y que se rodea de personas con la misma forma de pensar.
Estudié a sus empleados y hallé a Simmons en la lista. No estaba muy arriba en las posiciones y temí que la información no estuviera completamente al día. Volví a revisar mis fuentes y era todo de hace tres meses; las cosas se movían rápido en el mundo corporativo pero esto era lo suficientemente bueno y, de todas formas, lo único que tenía.
El teléfono sonó, debía ser la llamada de conferencia que estaba esperando. Teníamos un equipo de abogados a nuestra disposición que manejaban nuestras cuestiones legales y a los que pagábamos bien para que mantuvieran en silencio nuestros asuntos. Nunca nos habían decepcionado. Había estado hablando con ellos por teléfono todos los días desde que Carlisle me había asignado aquella tarea. Harry Banks, de Banks, Cranston & Parsons, inició la reunión.
- Señor Cullen, tenemos una nueva información y quiero que entienda la seriedad de esta situación. He trabajado con otros dos clientes que entraron en el radar de Berkshire-Hathaway; con el primero pudimos detener la toma, con el segundo no tuvimos tanta suerte - Harry suspiró pesadamente -. Sabemos quién está manejando todo este asunto y no son buenas noticias. No, no son buenas noticias para nada.
Me puse de pie y comencé a caminar de un lado a otro con el teléfono.
- Creo que ya sé todo sobre este tal Simmons. Es impresionante, eso es verdad, pero nada que no pueda controlar.
El señor Banks hizo una pausa antes de decir:
- Señor Cullen, creo que está operando bajo una falsa conjetura. Simmons es el asistente, él comunica las órdenes de su superior y, déjeme decirle, ella es…
- ¿Ella? - cuestioné. No recordaba haber visto a ninguna mujer estar siquiera cerca de ubicarse en los altos puestos de Berkshire-Hathaway.
- Bueno - dijo Banks - …ella es una mujer hablando de cierta manera. Es más como un demonio, si me pregunta.
- ¿Cuál es su nombre? - pregunté. Podía escuchar a los abogados en la sala riendo.
- Su nombre no es importante - dijo Banks -. Todo lo que necesita saber es que todos aquellos que se han enfrentado a ella y han vivido para contarlo la llaman la 'Perra en tacones'. Es dura, señor Cullen, es lo mejor que he visto en mi vida. Es la nueva vicepresidente de la compañía, derrotó a Terrence Morgan, quien había estado treinta y cinco años en el cargo. Es joven y hermosa y lo usa como total ventaja para atraer y deslumbrar y, antes de que lo sepas, es demasiado tarde: su veneno ya está corriendo por tu cuerpo y estás muerto. Los rumores dicen que el primer día del año siguiente su nombre estará en el edificio justo al lado del de Hathaway - hizo otra pausa por un momento -. Nunca ha perdido.
Yo, por otro lado, me sentía mucho más tranquilo con esto. Saber que iba a enfrentarme con una mujer cambiaba todo para mejor. Una joven y hermosa sólo hacía las cosas un poco más interesantes. No disfrutaba particularmente usar mis 'dones' para atraer a la especie femenina, pero debía admitir que cuando necesitaba usarlos era, a falta de otra palabra, letal.
Y nunca había perdido.
- Harry - comencé - ¿puedo preguntarle, señor, si hay alguna reunión o fiesta planeada para la siguiente semana en la que esta… hmm… 'Ya-sabes-qué en tacones' vaya a estar?
Esto era Nueva York. Era evidente que tenía que haber alguna cena.
- Naturalmente - rió entre dientes -. Una formidable reunión patrocinada por el Departamento de Estado está planeada en el Waldorf Astoria este viernes nueve de noviembre. El fin es darle la bienvenida al nuevo senador de Alemania. Berkshire-Hathaway tiene significantes relaciones en Berlín y es casi seguro que ella estará allí.
Esto iba a ser demasiado fácil.
- Caballeros, gracias por su tiempo. Estaré en la ciudad esta semana, les llamaré para reunirnos personalmente. Por favor, háganme saber si escuchan algo más o, de otro modo, espero que mantengan en completo secreto esto.
Asintieron con entusiasmo. Estaban más que bien pagados por su silencio y no quería arriesgar nuestro negocio. Me sentía mucho mejor luego de hablar con ellos.
Decidí que sería buena idea que Jasper se encontrara conmigo en Nueva York, era posible que le necesitara a él y su magia en la sala de conferencias, si es que llegaba a ese punto. De todos modos él estaba solo ya que Alice estaba visitando a nuestros amigos en Denali. Hice algunas maniobras y conseguí que nos invitaran a Jasper y a mí a la fiesta del viernes. En la escasa probabilidad de que no estuviera allí, envié una invitación personal al edificio de 'la demonio' sólo por si acaso, poniéndola bajo el destinatario de 'la Vicepresidente'. Su nombre no me interesaba.
Llamé para pedir una orden de lujo al florista, hice una compra en internet en Tiffany's y luego llamé un servicio de agentes de confianza para llevarlo. Sí, pensé, esto irá bien. Nunca había conocido una mujer que no cayera por regalos e intriga. Bueno, había una que sabía que nunca se dejaba impresionar por ellos, pero no iba a pensar sobre ella ahora.
Revisé el reporte del clima de la semana; una corriente fría estaba acercándose. Mucha lluvia, muchas nubes.
Por una vez, todo estaba saliendo acorde al plan.
(Bella's Point of View)
Habían pasado dos semanas desde que el proyecto 'C' con los internos había comenzando. Nunca había visto tales traiciones por la espalda y narices sangrantes, en todas las guerras de toda mi vida. Estaba muy orgullosa de ellos. No había manera de que me defraudaran.
Iba a ganar.
Ahora la Corporación C sabía que estaba yendo tras ellos, lo cual probablemente también significaba que estaban revisando quién había comprado una cercana mayoría de las acciones de su empresa. Teníamos un cuarenta y ocho por ciento de sus propiedades. Los últimos tres, sin embargo, serían los más difíciles de conseguir. Nunca se alcanzaba sin derramar sangre.
Pronto estaría escuchando de alguna firma de abogados intentando esconder la desesperación en su voz. Cuando una compañía estaba al tanto de que iba por ellos, un grupo de abogados eran usualmente enviados a mi oficina para intentar evitar el ataque. Esta compañía debía estar temblando de pies a cabeza; podía oler su miedo, era mi esencia favorita.
Al lunes siguiente, recibí una invitación a una fiesta en el Waldorf Astoria, una de los hoteles más finos y caros del mundo. Lo conocía bien, estaba a dos calles de mi apartamento en la quinta avenida. La invitación estaba grabada en un papel muy fino y no estaba dirigido a mi nombre sino a 'la Vicepresidente'. Mi presencia era 'requerida' este viernes para discutir un importante asunto de negocios.
Jugueteé con la invitación en mis manos preguntándome sobre quién y de qué se trataba esto. Llamé a Sally y me dijo que había sido entregado por un agente aquella mañana y que le habían dicho que lo dejara en mi escritorio.
Gruñí. Otra fiesta, no. Sabía muy bien de qué iba; era un gran e importante evento. El presidente de los Estados Unidos asistiría, así como otros líderes extranjeros para recibir con honor la visita del nuevo senador de Alemania. Ya había sido convocada por lo cual no entendía por qué la invitación adicional. La semana pasada le había dicho a Simmons que fuera sin mí, no quería más fiestas en un tiempo.
Dos días más tarde recibí el ramo de flores más grande conocido por el hombre. La carta rezaba:
Estoy ansioso por nuestra reunión, estaré en el salón a las ocho. Le aseguro que este negocio será satisfactorio y extremadamente beneficioso para usted.
No había firma.
No me gustaba jugar, las probabilidades decían que esta persona no tenía 'negocios' en su cabeza. No sería la primera vez. Tiré la carta y le di las flores a Simmons con la sugerencia de que se las regalara a su supermodelo de la semana. Mi opinión de la fiesta no había cambiado.
Dos días más tarde, el viernes, tenía reuniones desde las siete hasta las diez de la mañana. Sabía que habría una montaña de cosas por hacer esperándome en mi escritorio pero, cuando llegué a mi oficina, olvidé todas en cuanto entré y vi el pequeño estuche azul en mi mesa. Reconocí el color de la caja, era de Tiffany's.
La abrí y adentro había un broche. No era de usarlos con frecuencia pero este era encantador, tenía la forma de una rosa y sólo tenía un centímetro y medio de diámetro, encrustada completamente de rubíes. Había una tarjeta en el fondo del estuche que rezaba:
Aún cuento con que venga a la fiesta de esta noche. Le aseguro que esta reunión nos beneficiará a ambos. A las ocho en el salón.
C.
Estaba firmada como 'C'.
Casi me da algo justo en mi escritorio.
- ¡Sally! - grité. Vino corriendo sin aliento y la encontré en la puerta -. ¿Cómo llegó este estuche a mi escritorio? - jadeé.
- El mismo agente que trajo la invitación y las flores temprano esta mañana - dijo con los ojos muy abiertos.
Estaba aplastando la carta entre mis dedos, sin darme cuenta de que la había apretado hasta hacerla un bollo.
- Sally, trae a Simmons aquí, ¡ahora!
Volví corriendo a mi escritorio. Todo nuestro trabajo había tenido su recompensa, habíamos contactado con 'C'.
Todo lo demás podía esperar. Hoy iría a una fiesta.
Estaba yendo de un lado a otro en mi oficina como una loca cuando Simmons llegó.
- ¿Qué sucede? - dijo sin aliento.
Alcé la abollada nota y el broche y él me observó desconcertado.
- ¿Recuerdas la invitación personal y las flores que recibí esta semana?
- Sí… - aún seguía confundido.
Estiré la tarjeta con dedos temblorosos.
- Son todos de 'C' - Simmons me arrancó la nota de la mano y sus ojos se dilataron -. Simmons, definitivamente iré a esa fiesta esta noche - dije con vehemencia. Apoyé las manos en cada uno de sus hombros -. Ahora, más que nunca, necesito algo, lo que sea, con lo cual derrotar a 'C' hoy. Para ahora ya debe saber qué marca de pintalabios uso y yo no sé absolutamente nada de él.
- No te preocupes, encontraremos algo - me miró sonriendo y luego se volteó para marcharse. Se detuvo y volvió a girar -. Sé que lo conseguiremos, lo derrotaremos.
Asentí con confianza y tomé mi bolso. Estaba a punto de hacer algo tan doloroso que probaba lo mucho que quería ganar esta batalla: iba a ir a una peluquería para arreglar mi cabello y a una tienda a comprar un vestido para matar.
Hice una reserva para las cuatro en la peluquería y pagué por adelantado por ella. Estos tipos siempre debían ser reservados con meses de anticipación pero astutamente dejaban algunos horarios en la semana para aquellos clientes desesperados y ricos que simplemente lo necesitaban. Yo estaba desesperada y, gracias a Dios, era rica.
Fui a la tienda donde usualmente compraba mis vestidos para eventos como este. Lola, la dueña, siempre sabía qué lucía mejor en mí. Entré y pudo ver en mi expresión que esto era importante.
- Lola - musité -. He pedido vestidos antes, pero ahora necesito algo especial. Necesito algo para dejar sin aliento.
- Hoy debe ser especial - me miraba con las cejas alzadas -. Nunca te has interesado tanto, incluso pareces nerviosa.
- Sólo haz tu magia, Lola - supliqué.
- De acuerdo - dijo -. ¿Cuál es el efecto deseado? Que se enamoren de ti, espero - repuso con una sonrisa en el rostro.
- ¿Enamorar? - mi voz sonaba sofocada -. No, absolutamente no. No quiero que este hombre se enamore de mí, quiero intimidarle. Estoy yendo por la 'operación dejarle atónito e impresionarle'.
Rió.
- Bien, entonces empecemos.
Pasamos las siguientes horas probando diferentes vestidos, todos hermosos, pero ninguno exactamente el correcto. Se estaba haciendo tarde.
La vi mirándome con ojos entrecerrados mientras se golpeaba la mandíbula con un dedo.
- Nos llegó un nuevo producto hoy y probablemente mis chicas acaban de desempacarlo. Se supone que es un Valentino clásico, déjame ir a verlo.
Estaba luchando para sacarme los zapatos que me había probado cuando entró de nuevo, sonriendo, sosteniendo en sus manos un vestido azul oscuro. Supe tan pronto como lo vi que eso era lo que estaba buscando. Sonreí mientras iba al probador y, cuando salí, comenzó a aplaudir.
El vestido estaba hecho de un suave material de satén que se amoldaba a mi cuerpo hasta la mitad de mis pantorrillas, donde desembocaba justo lo suficiente para darme una figura más femenina de la que ya tenía. La tela del cuerpo era muy ajustada y las mangas estaban hechas del mismo color azul pero eran más dúctiles, empezando vagamente en mis hombros y cayendo por mis brazos hasta las muñecas. La parte posterior de mi vestido tenía aquel mismo material con patrón de redes que descendía por mi espalda; al llegar a la cintura, el satén se fusionaba justo en el centro creando una leve ondulación que me hacía ver extremadamente delgada y curvilínea.
- Quédate justo allí - dijo Lola.
Volvió con un collar y me lo puso en el cuello, una gargantilla de un delicado color plateado que sostenía un zafiro con la forma de una lágrima. Era perfecto y también tenía dos aros a juego, del mismo color y forma.
- Lo hiciste otra vez, Lola - musité.
- No, tú lo hiciste, Bella – sonrió y apoyó una mano en mi hombro -. Esto definitivamente va por la 'operación dejarle atónito e impresionarle'.
Dos horas más tarde, con el cabello y el maquillaje listos, tomé un taxi hasta casa para vestirme. Me precipité a ponerme el vestido, mirándome al espejo. Tomé un gran respiro y exhalé lentamente. La peluquería había arreglado mi cabello en forma de suaves rizos y luego lo había recogido en un flojo moño del cual escapaban algunos mechones cayendo. Combinaba con el vestido y los aros.
Me veía preciosa. Pero no importaba.
¿Qué tan bueno era ir a una fiesta para deslumbrar a alguien sólo para intimidarle? ¿Si Edward me viera esta noche me amaría entonces?.
Me lo imaginé observándome en el vestido con sus hipnotizantes ojos topacios y diciéndome lo hermosa que pensaba que me veía. Me lo imaginé diciéndome que me quería. Eso era todo lo que yo deseaba.
¿Por qué siempre rechazaba a los hombres? Sabía por qué.
Tenía miedo de que nunca lo sentiría otra vez. Nunca sabría nuevamente qué se sentía estar en los brazos de alguien a quien amas de verdad, alguien con el que te quedas sin aliento al estar con él, alguien que a donde él se encuentre es el único lugar en el mundo al que quieres ir. Era mejor ni siquiera intentarlo. Había elegido mantenerme alejada de cualquier posibilidad de una relación antes que pensar que tendría noventa y dos años y seguiría creyendo que podría conseguir un verdadero amor que en realidad ya estaba perdido para mí.
Yo ya conocía el final de esta historia: el verdadero amor no te encuentra dos veces. Estaría sola para siempre, pensar lo contrario durante un solo segundo era tan repulsivo para mí que ni siquiera me permitía hacerlo.
Me veía hermosa esta noche incluso a pesar de que Edward jamás me vería. Nunca más me vería ni me amaría otra vez. Todo esto era una pretensión con la cual avanzar en esto llamado vida.
Me prendí el broche en el pecho, apagué la luz y me dirigí a la fiesta.
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HOLA CHICAS POR FAS NO QUIERO QUE ME MAL INTERPRETEN PERO LA HISTORIA NO ES MIA !!! SINO DE edwardsoul Y FUE TRADUCIDO POR vrydeus !!YO SOLO LA PUBLICO !!
BUENO EL CAPITULO 3 DE VERDAD QUE DEJO CON UN WHOAAA !! ME MATOO
PERO EL CAPITULO 4 ESTA MEJOR YA QUE TENEMOS EL POV DE EDWARD Y LA VERDAD QUE ME GUSTA ESTE EDWARD ..NO ESTA TAN TIRADO Y NO SE ..PARECIA UNA BABOSA EN OTROS FIC ..SIN DESPOTRICAR A NADIE PERO NO ME GUSTA QUE EDWARD SUFRA TANTO COMO EN OTROS FIC !!! MATOO LA CARTA DE BELLA !! Y EL VESTIDO HERMOSO MAS SI ES AZUL !!
BESSO Y ESPERO QUE USTEDES TAMBIEN DEJEN SUS PALABRITAS ..LAS RE QUIEROO
LAP

Capítulo 12: Si, me gusta el estúpido.
— Tu y yo tenemos una conversación pendiente — tragué pesadamente cuando Rose soltó esas palabras.— Um, puedo aclarártelo aquí mismo si quieres — le dije — Estas loca, no me gusta — susurre la parte final, había mucha gente en el pasillo y yo moriría si alguien escuchaba. Rose rodó sus ojos y tomo mi brazo, jalándome a la salida del colegio.
— Isabella, no soy idiota, por favor — Bufo — Tal vez Emmett te creería eso, incluso Jasper ¿Pero yo? — Me miro escépticamente y continuo — Vamos, pensé que eras más inteligente que eso — me arrostro, literalmente, a su BMW.
— Eh, ¿Rosie? — la llame patéticamente ¡La chica me daba mido! Oh, y enserio, Rose es de temer.
— ¿Sip? — soltó angelicalmente, remarcando la 'p' del final.
— Mi trasto — hice un gesto con mi cabeza apuntando mi Chevy. Rose rodó sus ojos y me empujo al asiento del co-piloto.
— Bella, ¿Tú crees que alguien se robaría eso? — apunto despectivamente mi querido trato, antes de encender su reluciente BMW descapotable y partir totalmente endemoniada, podía ver el colegio por el espejo retrovisor desaparecer más y más.
Al igual que toda la valentía que según yo aún me quedaba.
Todo se fue a la mierda cuando estuve lo bastante lejos de la 'sociedad' y prácticamente sola con el demonio de cabellos dorados, alias, Rosalie Hale. EL camino se hacía conocido, y más aún cuando dimos con esas enormes casas de color blanco. Jo, Rose me torturaría en sus aposentos. Bajamos del auto y caminamos en silencio hacia el interior de su casa.
— ¿Rose, bebé? — Rose siseo un 'demonios' por lo bajo cuando Lillian apareció en la sala. Dios, la madre de Rose es una modelo ¡Es completamente hermosa! Cabe decir que el parecido entre ella y Rose es bastante grande, aunque Lillian tiene unos enormes y expresivos ojos grises — ¡Bella, cariño! — atravesó la sala y me dio un fuerte abrazo.
— Hey Lillian — salude, devolviendo el abrazo.
— ¿Qué hacen aquí, chicas? ¿Dónde esta Alice? ¿Y los chicos? Rose, ¿donde esta tu hermano? ¿Y...— pregunto sin respirar en un tiempo record. Rose gruño y retorció la punta de sus cabellos.
— Mamá, calma — dijo, controlándose — Vamos a mi habitación, Alice llegara luego, los chicos siguen en el colegio, y con esto quiero decir que Jazz también — Respiro y continuo — Nos vemos Ma, estaremos arriba — Jalo mi brazo nuevamente, y yo como cual muñeca de trapo la seguí, dejando al pie de la escalera a la mamá de Rose, que nos hacia seña con su mano.
— Me recuerda a Alice — comenté, sentándome en la gran cama que Rose tenía. Rose comenzó a cepillar su cabello frente al tocador y asintió.
— A veces es espeluznante — reí. Y el silencio reino en la habitación, Rose me miraba a través del espejo del tocador como una acosadora, y yo no hallaba donde demonios esconderme.
— ¿Por qué va a venir Alice? — pregunte, recordando la respuesta que le había dado a Lillian.
— Te lo advertí, a Alice no se le escapa nada — Rayos, lo que me faltaba — Y ya que sacaste el tema — Me congele, cuando Rose agrego eso inocentemente — ¿Me dirás la verdad? — pregunto. Suspiro y me voltee a verla.
— Ya te dije la verdad — respondí, encogiéndome de hombros. Rose resoplo y se puso de pie frente a mi.
— Bueno, lo que digas — se sentó a mi lado en la cama — Alice te sacara la verdad a la buena o a la mala — Rodé mis ojos, esto sonaba a película barata.
Me estire en la cama de Rose y comencé a tararear una melodía, no se cual era y tampoco me interesaba. Al cabo de unos minutos unos pequeños pasos fuera en el pasillo 'trataron' de llamar mi atención. No lo hicieron, sabía lo que se me venía encima y créanme que no estaba feliz por ello.
— Habla, ahora — Alice y su impulso por hacer que la gente le obedezca.
¿Qué perdía contándoles? Nada, absolutamente nada.
Así que hice lo que tenía que hacer.
— Me gusta, si — mire el techo — Es estúpido, lo se también — rodé mis ojos — Y cuando digo estúpido, me refiero a que él es un estúpido — Suspire derrotada — Pero bueno, creo que me gusta ese estúpido — finalice, agachando la cabeza.
Gracias al cielo la cama de Rose estaba provista de millones de cojines, tuve que tomar dos cuando chillaron a más no poder.
Deseche la idea de decirles sobre los besos.
Aparte de que matarían a Edward, cosa que yo no pude hacer, me harían describir la situación con completo detalle.
Y yo no estaba mentalmente preparada para rememorar eso.
— ¡Lo sabia, lo sabia! — Alice saltaba con Rose, las dos estaban de la mana y daban saltitos de alegría. ¿Por qué ellas estaban alegres y yo no? Jum, raro — ¡Jasper me debe veinte dólares! — Le lance un cojín, el cual le dio de lleno en la cara — ¡Jo, y cuando Emmett se entere! ¡Yay! Edward debe ser el más feliz de todos — resople y me volví a desparramar sobre la cama.
— Adelante Alice, dile a todo el mundo que a Bella Swan le gusta el idiota prepotente de su ex-mejor amigo Edward Cullen — agregué sarcásticamente.
— ¿Enserio me dejarías decírselo a todos? — Alice me preguntó incrédula.
¿Qué hice para merecer esto?
— Sabes, haz lo que quieras — me encogí de hombros — Dile a mamá, a Esme, a Lillian — rodé los ojos — No me importa, ya no me importa ¡Que todo el maldito mundo se entera de lo patética que soy! — chille — Tal vez y me gane un premio.
Después de todo, se iban a enterar. Lauren nos vio en la cafetería ¡Lauren es Lauren por Dios! Ya imagino la magnitud de aquel rumor, yo estoy pensando que va a decir de mi. Si Alice lo divulga, me importa una mismísima mierda, es más, yo misma se lo diré a Edward.
No, eso si que no, no estoy hablando en serio.
— Ali, ella mienta por favor no te lo tomes enserio — Rose, la voz de la conciencia. Alice resoplo y se cruzo de brazos ¡Whoa, como si fuera el chisme del año! — ¿Y la lista? — Rose me pregunto, curiosa, frunciendo su entrecejo levemente.
— La lista sigue — respondí encogiéndome de hombros.
— Bella — Alice dijo mi nombre con reproche y negó con su cabeza. Rose suspiro pesadamente y se estiro a mi lado en la cama.
— Que me guste no quiere decir que dejare la lista de lado — agregué — Ni loca lo haré.
— No-puede-ser — Emmett me miraba en estado de shock, sus ojos cafés desorbitados y su boca abierta en una gran 'o', asquerosamente se veía el pedazo de pan que había masticado.
— ¡Cierra la boca, cerdo! — chille, frunciendo el ceño y dándole un golpe en su quijada.
— E-es que e-esto es increíble — agrego sin cambiar su expresión — ¡Oh Dios Mio! ¡Increíble! — Se puso de pie súbitamente y alzo las manos al aire — ¡¿Escuchaste Jazz? — Todos nos giramos a ver a Jasper que estaba...muerto.
Sip, Jazz me miraba como si fuera el fin del mundo; lo que el no sabía era que esto no era el fin del mundo, de ser así Sam y Dean estarían aquí salvándome de cuatro demonios, y uno que se encontraba en estado catatónico. Jum, ahí fue cuando recordé que esto no era Supernatural (1) En otras palabras, Jazz se había quedado congelado y completamente mudo cuando Alice revelo 'las buenas nuevas'
— ¿Estoy soñando, no? — pregunto Jasper, saliendo, solo un poco, de su ensimismamiento.
— Bueno — Emmett se sentó a su lado y apoyo su barbilla sobre su mano — Si esto fuera un sueño, Rosie no tendría ropa y estaría junto a Heidi Klum (2) y no junto a Alice — se estremeció — Así que estas mal Jazz, esto es la maldita realidad — suspiro teatralmente y se quito una lagrima imaginaria — A mi hermanita le gusta el idiota de Cullen.
— Alice, cariño — Alice suspiro y saco veinte dólares de su cartera Gucci — Gracias bebé — Jasper sonrió y guardo los veinte dólares en su bolsillo — Bella, lo sabia — se encogió de hombros — Aunque nunca pensé que lo harías público — Rodé mis ojos.
— Si mi memoria no falla — dije teatralmente — Fue Alice la que soltó todo, yo no dije ni una sola palabra — entrecerré mis ojos y les di 'la mirada' a Jasper y Emmett — Si alguien se llega a enterar, créanme que sufrirán mucho — y ahora fulmine a Emmett solamente con la mirada — Ninguna palabra de esto a mamá o eres Oso muerto ¿si? — Emmett asintió, comiendo de su pan.
— ¡Mira! Hablando del Rey de roma... — Jasper chillo. ¡Juro que fue igual al gritito de Alice! ¡lo juro!
—...Con una rubia se asoma — No voltee a ver, porque no quería hacerlo ¿Para que hacerlo? — ¿Quién es ella? Um, no esta nada... ¡Ouch! — Rose golpeo a Emmett en el brazo, con una fuerza de temer.
— No entiendo — susurraron Rose y Alice al unísono, meneando su cabeza en forma de negación en completa sincronía, mirando a cierto chico, que no pienso mirar, de una forma espeluznante.
— ¡Hey, Edward! — Jasper comenzó a mover su mano frenéticamente, me pregunte si Alice le habrá dado más cafeína de la necesaria; aquel chico no era Jasper, era un clon de Alice en versión masculina — ¡Aquí! — movía sus manos por sobre su cabeza, Alice lo miraba con completa adoración y entretención.
— Dios no — susurro Rose aterrada — Tendré dos Alices en la casa — cubrió su rostro teatralmente, reí al recordar a Lillian.
— Hey chicos — Yupi, llegó él acompañado de... ¡Oh santa madre!
Debo dejar algo claro, no soy lesbiana, ni bisexual ni nada de esas cosas. Dios trajo al mundo a Adán y Eva, y bla, bla. Me gustan los hombres y todo lo que tiene que ver con ellos ¡Pero, mierda! La chica era, era ¡Wow! Su melena rubia rojiza caía hasta la mitad de su espalda ¡El cabello de la chica resplandecía! Es más, toda ella lo hacía; su blanquecina piel y sus ojos azules eran de infarto ¡Y Dios! Lauren se quedo pequeña junto a ella ¡Tenia unos pechos enormes! Alcanzaría a amantar a todos los pequeños niños de Haití, y no estoy de broma. Por un segundo tuve que entrecerrar mis ojos, iba a cubrirlos con mis manos pero me pareció exageración. La chica irradiaba una luz de perfección que me dejo completamente noqueada.
Me sentí la cosita más insignificante del mundo junto a ella.
Chica: 1, Autoestima de Bella: -1000
— Wow — fue lo único que salio de nuestros labios cuando vimos a la mismísima Afrodita. Edward sonrió socarronamente y guió a 'la chica' a una de las sillas en donde nos encontrábamos. Había millones de Starbucks en el país y tenían que venir a este.
Creo que estaba encogida en mi asiento, me sentía intimidada por tanta belleza suelta.
— Ella es Tanya — Edward nos presento a la chica que sonrió dulcemente — Mi hermana Alice, Rose, Jasper, Emmett y...Bella — su vista se posó en mi y me guiño un ojo. Edward, estoy hablando de Edward.
Tenía unas ganas de lanzarme encima de él y hacer puré de Edward.
— ¿Tanya Denali? — pregunto Alice, frunciendo su entrecejo. Edward asintió y sonrió torcidamente — Tú eres la hija del amigo de papá ¿No? — Tanya asintió, sin borrar esa perfecta sonrisa de su perfecto rostro.
— Tu sabes, Tanya se quedará con nosotros un tiempo — Relájate Bella, me decía internamente — Papá me dijo que la sacara a conocer el pueblo — Se encogió de hombros y agregó — Nunca pensé que sería una chica tan guapa — Edward le dio 'esa' sonrisa que dejaba todas locas y la chica rió...
Ja, ahí mató toda su perfección.
La risa nasal de Jessica no era nada, nada comparada con la de Tanya, tuve que poner de todas mis fuerzas para no reír; y no era la única. Jo, esto era cruel, si que lo era ¡Pero no hallaba la hora de que dijera una palabra para escuchar su voz! ¡Yo lo dije!
Nadie, absolutamente nadie es perfecto.
— Hay Eddie, me halagas — Oh mierda, ¿Era un pitido molesto en mi oído o la voz de Tanya? — Alice ¿Es verdad que tienes la última lencería de Victoria's Secrets? — Alice asintió, sin ser capaz de soltar una palabra porque estaba segura de que sería una carcajada.
— Si Tanya, mamá me ayudo a conseguirla — Alice contesto, no sé como demonios pero lo hizo.
— ¡¿Enserio? — grito, Jasper sujetaba su estomago. Rose y Emmett reían a mandíbula batiente, la pobre chica no se daba cuenta de nada — Mis hermanas te envidiaran por eso, sobre todo Irina — agrego con esa voz que me estaba sacando de quicio.
Hacer que Emmett y Rose dejaran de reír, cincuenta dólares para un motel; Mandar a alguien que callara a Tanya para siempre, muchos, pero muchos dólares; La cara de Edward, ¡Demonios que no tenia precio!
— Yo, um — solté una pequeña risita que acalle enseguida — Eh, me voy — Me levante de la silla rápidamente y corrí en dirección al baño.
— Eres cruel — una aterciopelada voz me regaño antes de que tocara la puerta del baño.
— Ey, tu tienes la culpa, tu la trajiste — le dije — ¡Vamos! ¿Acaso no te da risa? — Edward alzo una ceja y se cruzó de brazos. Una sonrisa quería asomarse por sus labios — Eddie — dije, sonriendo burlonamente.
Y esa fue la gota que rebalso el vaso.
Se largo a reír de una forma que nunca había visto, soltó una gran carcajada que fue maldita música para mis oídos ¡Si! ¡Ya acepte que soy toda una cursi! Pero me quede completamente prendada de su risa, una sonrisa se asomo en mis labios. Dios, si que era bello. Mi corazón latía desbocado y las manos me volvían a sudar, como cada vez que el estaba cerca. Una sensación de claustrofobia comenzó a subir por mi cuerpo, encontraba que aquel pasillo era muy pequeño para que estuviéramos los dos, juro que las paredes se juntaban más y más.
El era un mujeriego, egocéntrico, bueno para nada. El besaba a toda cosa que llevara faldas, pantalones, teniendo claro que era una mujer. Y lamentablemente aunque hiciera todas esas cosas ¡Aunque yo misma tuviera una lista de imperfecciones por su persona! Era imposible que dejara de gustarme, es más, creo que existe la pequeña posibilidad de que lo que siento por el ha ido en asenso cada día mas.
Dios, estaba mal. El me gusta, solo eso, me gusta.
¿Solo me gusta?
¡Déjate de idioteces Bella!
(1) Serie de televisión sobre los hermanos Winchester, los cuales se dedican a cazar cosas paranormales :D
(2) Modelo alemana.
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En un principio el final iba a ser totalmente diferente.Esto era cuando

Capítulo III: Fechas, nombres y datos
(Bella's Point of View)Había estado en la oficina durante toda la mañana del domingo. Era mi horario favorito ya que nadie se acercaba allí ese día excepto los que se exigían tanto de sí mismos como yo, y nos manteníamos los unos fuera del camino de los otros. Era un tanto extraño qué tan silencioso se encontraba el distrito financiero los domingos. De lunes a viernes definitivamente lo compensaba.
Volví a casa para poder prepararme para mí 'cita'. Vaughn me recogería en quince minutos y no quería que subiera a mi apartamento, por lo que le recibiría en el vestíbulo. Sentía las nauseas alzándose en mi garganta. Quizás todas las vanas esperanzas de enfermar para poder cancelar la cita de ese día finalmente habían funcionado y mi subconsciente me había dado un violento caso de gripe estomacal. Un caso de E-Coli no estaría mal. Tal vez algo de Fiebre Escarlata.
No quería hacer esto. Odiaba sentirlo otra vez, prepararse para una cita, saber quién viene a buscarme, tener expectativas de qué tal irá todo. Nunca quería pasar por esto otra vez. Dolía tanto… ¿Y si intentaba tomarme la mano? Sólo recordaba manos frías entrelazadas con las mías y no quería que las de ningún otro cambiara ese recuerdo.
A veces me preguntaba si mi memoria era de verdad un colador, como Edward había dicho. Así como me esforzaba tanto en no pensar en él, también intentaba no olvidar. Mi mayor miedo era que todo se iría, que lentamente empezaría a dejar de recordar. Le maldecía con frecuencia por haberse llevado las fotografías cuando se había ido pero parte de mí sabía que las hubiera mirado demasiado seguido. No podía pensar en él, pero tampoco tenía que olvidarlo.
Prohibiéndome recordar pero aterrada del olvido; había sido un modo difícil de vivir.
Estaba yendo y viniendo en el salón con mis brazos envueltos instintivamente alrededor de mi cintura, intentando decirme a mí misma que serían tan sólo unas pocas horas y luego no tendría que verle otra vez, cuando el timbre sonó -demasiado pronto- y me dirigí al vestíbulo.
Fui bienvenida otra vez por esa sonrisa de victoria de partido. Estaba usando un pálido traje de Levi's que le favorecía bastante, holgado en los sitios correctos y que usaba de una manera que le hacía lucir cómodo. Calzaba unas bajas botas negras y una camisa azul oscuro con botones al frente, bajo la cual podía verse una camiseta blanca. La oscura hacía que sus ojos azules lucieran tan opacos que eran casi negros. Tragué saliva con dificultad y en lugar de eso miré sus musculosos brazos.
Una hora más tarde caminábamos por un camino bordeado de árboles que se dirigía al Central Park. Vaughn había comprado un bocadillo, cálido y de buen sabor. Los niños jugaban en la plaza cercana y había gente sentada en los banquillos que adornaban el camino. Era un precioso día de otoño y las hojas estaban en el apogeo de su cambio.
Siempre que veía una hoja cambiando de color, mi mente siempre viajaba a aquel otoño de hacía siete años, el otoño del que no recordaba nada.
Vaughn volteó su rostro hacia mí.
- Durante la temporada mi vida es bastante intensa. Tengo una reunión temprano al amanecer y debo estar en el estadio a las tres de la tarde de mañana. Espero que no te moleste que no haya planeado nada más elaborado que una caminata por el Central Park, sólo quería conocerte y ésta parecía el mejor modo - explicó.
- El fútbol es bastante parecido a los negocios - dije, cínica.
- No estás para nada lejos de la verdad - respondió, soltando el aire de golpe.
Había vivido cruzando el parque por dos años y nunca antes había estado aquí para algo que no fuera correr. No recordaba la última vez que había salido sólo por el placer de hacerlo o para mirar un árbol.
Usaba una cazadora ligera que había resultado ser perfecta, caminando con las manos en los bolsillos para no darle ninguna oportunidad. Gradualmente, la conversación comenzó a distenderse.
- Gracias otra vez por aceptar verme hoy - dijo antes de dar otro mordisco.
- Es la tercera vez que me lo has dicho - repuse.
- Bueno, luego del viernes por la noche en la cena… - rió, sacudiendo la cabeza -. Te vi entrar y me robaste el aliento - me miró y sonrió -. Luego vi cómo durante toda la velada rechazabas a cada hombre que se te acercaba. Fueron diecisiete en total.
- ¿Los contaste? - pregunté, sorprendida.
- Creo que les has bajado varios puntos a su masculinidad a varios de ellos - dijo haciendo una mueca. Sonreí -. Era mucho más intrigante verte a ti en vez de estar en esa aburrida fiesta. Estaba muerto de miedo de acercarme pero, como dije, hubiera lamentado toda mi vida no haberlo hecho - rió entre dientes un poco antes de continuar -. Además la última temporada enfrenté a la entera línea defensiva de los Chicago Bears y viví para contarlo. Eso me dio coraje - se detuvo para mirarme y le imité. Iba a decir algo más -. Casi me fui sin hablarte pero luego pensé en cómo rechazaste a cuatro estrellas de cine, dos productores, un senador, un famoso diseñador, un juez de la corte federal, cuatro jugadores de los Yankees, tres de los Knicks y al dueño de Los Giants, mi jefe. Pensé que si también me rechazabas, al menos estaría en buena compañía.
Le observé fijamente un momento antes de volver a caminar.
- Tal vez malinterpretaste mis acciones. Estaba haciéndoles un favor al negarme, no soy ningún premio, ninguna diversión.
Me alcanzó y dijo:
- ¿Ninguna diversión? Yo me estoy divirtiendo.
- Estás divirtiéndote a mi costa, no conmigo - sonreí levemente.
Se detuvo y me miró de nuevo. Comió el último bocado y mientras masticaba tomó mi mano, sacándola de mi bolsillo, comenzando a guiarme fuera del camino, hacia el césped. Era cálida, fuerte y grande. Tragué saliva con dificultad ante los recuerdos que comenzaron a filtrarse a través de mis defensas. Me resistí a seguirle e intenté clavar mis pies en el suelo. Se volteó, tragando el bocado.
- Ven al carrusel conmigo.
Miré atrás de él y, efectivamente, pasando los árboles a través del claro, había un carrusel. Intentó tirar de mí otra vez.
- ¿Carruqué…? No, es decir, es ridículo. Es para niños - protesté.
Se volteó otra vez y siguió tirando de mí.
- ¿No tienes todavía una pequeña niña adentro tuyo? ¿No hay una parte de ti que no quiere crecer, que no quiere envejecer?
Retrocedí. Cerré los ojos ante el dolor de lo que había dicho. Una vez había conocido a un chico que nunca se haría mayor y que me dejó para nunca volver.
Vaughn pudo sentir que algo había cambiado. Se detuvo y volvió a mirarme.
- Isabella, ¿estás bien?
Escuché la voz de Simmons en mi cabeza. 'Estás viva'.
- Si, estoy bien - dije con tono suave, asintiendo débilmente -. Vamos.
Dimos tres vueltas en el carrusel e intenté con todas mis fuerzas encontrar una parte de mí que estuviera viva.
El lunes a la mañana Simmons me encontró en las puertas giratorias que daban entrada a nuestra torre de oficinas.
- Lo que sea que hayas hecho con Thomas Vaughn, continúa. ¡Estuvo increíble en el juego de anoche! - dijo.
Le fulminé con la mirada y le gruñí a mi café de Starbucks. Había tenido un sueño extraño la noche anterior del cual había despertado a las cuatro y, como no había manera de que volviera a la cama, me había levantado para ir a correr. Hice nueve kilómetros y aún no podía sacarme el sueño de la cabeza. No estaba de humor para hablar sobre Vaughn.
- Buenos días, Señorita Swan - saludó una de los internos mientras me dirigía mi oficina.
- Grrrr - fue todo lo que pude responder.
Se apretujó contra la pared e hizo una mueca mientras yo me alejaba.
Soñar con cosas indeseadas no era modo de empezar el lunes a la mañana. Pasé junto al escritorio de mi secretaria, agradeciendo que Sally no llegara hasta las ocho. No estaba de humor para escuchar su tedioso parloteo. Entré a mi oficina y tomé un par de cosas de mi escritorio antes de partir hacia la sala de conferencias. Hoy tendríamos una reunión con nuestros principales contables. Siempre se realizaba a mediados de octubre para comprobar los resultados de aquel año y establecer objetivos para el siguiente. No había descansos en Berkshire-Hathaway; si lo hacías, aquellos corriendo atrás tuyo te aplastarían hasta la muerte.
Entré a la sala y tomé asiento, sacando mi laptop parar tipear las notas incluso aunque tuviera a una asistente personal sentada a mi lado que escribía cada palabra hablada. No confiaba en nadie para conservar la información que consideraba más importante.
El señor Hathaway entró y todos en la sala se pusieron de pie. Recibió una entusiasta ronda de aplausos de los contables. Lo merecía, había hecho ganar billones este año. Alzó la mano para detenerles y comenzó su preparado discurso.
- Me gustaría agradecer a todos por su dedicación en la compañía durante el pasado año. Hemos tenido un crecimiento sin precedentes… - siguió hablando pero, aunque intentaba, no podía sacar de mi cabeza el sueño.
Usualmente soñaba sobre cosas del pasado, cosas que intentaba contener con tal esfuerzo en mi mente que no tenían otra opción más que resurgir mientras dormía. Tantas veces había soñado que estaba perdida, corriendo en la oscuridad sin idea de a dónde ir, qué dirección tomar… Pero esta vez, fue completamente diferente.
Estaba de pie sobre el hielo, hacía frío y podía ver mi aliento cada vez que exhalaba. En este sueño no estaba perdida. Estaba tan desesperadamente intentando correr hacia alguien, pero no podía moverme… La superficie era tan resbaladiza que me mantenía en el mismo lugar y aún así mis pies continuaban deslizándose cada vez que intentaba pararme. Se sentía tan real que podía palpar el hielo frío y agudo bajo mis palmas mientras ponía las manos para intentar atajarme cada vez que caía. Estaba tan ansiosa por poder correr, encontrar a esa persona…
Entonces escuché una voz familiar decir 'Bella, te quiero'.
- …Y ahora pasamos a la señorita Swan - volví a la realidad cuando escuché mi nombre. El señor Hathaway se acercó hasta quedar justo a mi lado, apoyando una mano en mi hombro -. Nunca en toda mi carrera he visto tanta dedicación y tenacidad en una persona. Desearía que mi socio, Franklin Berkshire, pudiera haberla conocido. Ha sobrepasado todas las expectativas que tenía y estoy ciertamente alegre de haberla conseguido antes que los de Baxter, Tubman & Cohen pusieran sus manos en ella, o de otro modo hoy en día estaríamos temiéndola en lugar de disfrutar sus logros.
Hubo un escaso segundo de risas amables. Pensé que había terminado a juzgar por la pausa y, aliviada, me encogí un poco en mi asiento, cuando de repente volvió a hablar sobre mí otra vez.
- Algunos en esta sala saben lo que voy a decir. Lo he discutido con todos los principales contables y el representante legal y la decisión es unánime. A partir del primero de enero del siguiente año, esta compañía ya no será conocida como Bershire-Hathaway sino como Berkshire-Hathaway-Swan.
Altos aplausos y gritos resonaron en la sala. Estaba atónita. Mis ojos se dilataron y mi boca se entreabrió cuando lo que había dicho tomó significado: una de las más grandes compañías del mundo portaría mi nombre. Haría ganar millones al año, iba a ser una de las jugadores de mayor proporción. Esta era la clase de cosas que merecen una foto en la primera plana del New York Times, Fortune Magazine, Money Magazine, Time y Newsweek. Mi futuro estaba planeado y, además, cuando esto fuera anunciado, estaría tan ocupada con cualquier interferencia externa que no podría salir con Vaughn ni con nadie más.
Me puse de pie y el señor Hathaway estrechó mi mano.
- ¡Sí! - grité, alzando un puño en el aire.
La ronda de aplausos comenzó otra vez.
Simmons y yo estábamos en Chicago siguiéndole el rastro a 'C'. Luego de un montón de investigaciones y sobornos ilegales, logramos extraer ciertos archivos que demostraban que la Corporación C había dado inicios en esa ciudad.
Al parecer, en 1906 'C' había tenido su primer acción como compañía invirtiendo en coches de carga viajando desde Illinois hacia el noroeste del pacífico, hasta Alaska. Fruncí el entrecejo mientras leía los expedientes financieros. No había duda de que este hombre había sido inteligente; sabía que era hombre porque en ese entonces las mujeres no tenían permitido poseer o vender propiedades con tal libertad. Cada transacción, cada documento, estaba rodeado del más profundo secreto. Estaba impresionada y frustrada a partes iguales ante este misterioso hombre.
En 1920 parecía que había dos hombres trabajando juntos aunque uno no era tan frecuente en las operaciones del día a día como el otro. De hecho, al parecer por un largo período de años uno de ellos había seguido su propio camino. Luego, en las décadas de 1930 y 1940, había al menos cuatro personas involucradas.
¿Cómo se las habían arreglado para mantener todo en tal secreto?.
- Simmons - dije -. Uno de estos hombres en algún punto debió hacer una llamada telefónica de una línea registrada, utilizar una computadora que pueda rastrearse o hablar con una persona en carne y hueso que pueda darnos información - bajé la mirada a la lista de compañías. Había al menos trescientos con las que estaban involucrados y yo tenía cuarenta y cinco internos a mi disposición. Me volteé para mirar a Simmons -. Quiero que dividas la lista de nuestros empleados. Cada uno investigará al menos tres compañías al menos por un mes para obtener la información necesaria que estamos buscando. No me importa si es una huella digital en un trozo de papel que 'C' pueda haber tocado o si alguien lo vio allá en 1972. Quiero todo lo que puedan conseguir - me había puesto de pie, caminando de un lado a otro con ansiedad. Me giré otra vez hacia Simmons -. Dile a los internos que al que encuentre una pista valiosa le recompensaré cuando mi nombre sea colocado en el edificio. Recibirá un ascenso y un salario que apenas pueda imaginar.
- ¿Pista valiosa? - Simmons alzó las cejas -. ¿Qué somos? ¿Niños de ocho años?
Le fulminé con la mirada.
- ¡Sólo hazlo! - gruñí.
Se sobresaltó y estaba abandonando la habitación para comunicar mi encargo cuando se volteó para mirarme otra vez.
- Entonces, ¿cómo va la cosa entre tú y Vaughn?.
- Nada - murmuré.
- Saliste con él otra vez, eso es bastante - dijo con entusiasmo.
- No voy a verlo de nuevo - repuse con decisión.
- ¿Fue tu elección o la suya?
Había salido con Vaughn una vez más luego de nuestra caminata por el Central Park. Me había llevado a cenar al muelle en un yate. La cita había estado perfecta, la conversación relajada e interesante y él se veía muy guapo en su traje. Habíamos bailado una canción lenta de una banda de entre los años 1940 y 1950, hablando y sonriendo, cuando de repente el grupo comenzó a tocar una canción que ya había escuchado una vez antes.
Era verano y la lluvia susurraba en el exterior mientras leía Orgullo y Prejuicio en mi sofá. Él tocaba el piano y, súbitamente, la melodía cambió. Comenzó a cantar para mí con su voz aterciopelada; las palabras eran hermosas e inolvidables y las notas aún revoloteaban en el aire cuando se acercó hacia mí en el sofá. Besó las lágrimas de mis mejillas y probó una de ellas, apartándome con suavidad el libro de mis manos y apoyándolo en el suelo mientras, lentamente, se inclinaba hasta presionar sus labios contra los míos.
Me tensé y encajé los dientes. Las heridas sin curar de mi pecho parecían palpitar y sangrar; tenía los ojos vidriosos y me tragué la emoción con dificultad. Vaughn nunca supo qué pasó pero, para mí, la noche había terminado.
Continuamos con la charla y sonreí cuando me llevó al vestíbulo. Cuando intentó besarme como despedida, giré el rostro de modo que ofrecí mi mejilla y me precipité al elevador.
Me desperté a las cuatro y corrí diez kilómetros. Vaughn llamó luego aquella mañana, dos veces en la tarde, una vez más durante la noche y otra última vez antes de su juego del domingo. Nunca respondí el teléfono.
- Fue mi elección - espeté.
- Bueno, eso explicaría lo mal que jugó el domingo. El entrenador lo sacó y no jugó ni siquiera el último cuarto.
- No me hagas responsable por cómo juega - le fulminé con la mirada -. Tú eres el culpable de que hayamos salido en primer lugar, sabiendo cómo terminaría todo.
- Bueno - asintió, de acuerdo - había esperado que encendiera alguna pequeña chispa adentro tuyo.
- Tengo mucha chispa - siseé -. Ahora ve al teléfono y habla con los internos antes que le ofrezca a uno de ellos tu trabajo.
- No podrías pagarle lo suficiente para que te soportara - bromeó.
Me volteé y le lancé una mirada amenazante. Se marchó.
Al menos, buscar a 'C' le había dado a mi mente algo en lo que pensar. Estaba dedicando a esto todo mi tiempo, era justo lo que necesitaba para apartar mis pensamientos de él.
Esto se había convertido en una bien recibida distracción.
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Hola chicas les quiero decir que este fic no es mio..ni siquiera lo traduci yo sii,solo que me gusta mucho y quiero compartirlo con ustedes !!
Sabes yo tambien voii por el capitulo tres asique dejare mi comentario del mismo en el capitulo 4 o de ultima a continuacion !!!xD besso y espero que les agrade la historia tanto como a mi !!
LAP

Capítulo 11: Miembro honorario.
— Bella — el cuaderno era lo mas importante que tenia frente a mi — Oh vamos Bella — lamentablemente había olvidado el lápiz de tinta así que tengo que usar el grafito.— Rayos — sisee, cuando me di cuenta de que el maldito lápiz no tenía punta.
— ¿Bella? — Suspire un par de veces antes de sacar el sacapuntas de mi mochila, me gire y le di una mirada de reojo a mi compañero de banco, el cual me estaba irritando; y mucho.
— Por ultima vez, cállate — eso fue todo lo que necesite para que la 'mosca Edward' me dejara en paz por el resto de la clase de biología.
En realidad, no tenía ni la más minima idea de que hablaba el señor Banner. Sip, lo admito, solo lo hacía como una excusa para no hablar con el; además, ¿Qué se supone que le dijera? ¡Lo se! Debía actuar con maldita normalidad, pero me superó. Todo lo que estaba pasando superaba a mi pobre cabeza y me hacia colapsar, literalmente. Yo no estaba hecha para tanto drama, pero nadie entendía eso.
Tome los libros rápidamente cuando el timbre sonó, mire de soslayo a mi querido compañero; que por cierto no se había movido un milímetro, me pregunto que demonios quiere Edward de mi ¡¿No puede dejarme tranquila aunque sea un maldito día para despejar mi atestada mente? No, creo que no podía. Juro que trate de pasar por su lado sin molestarlo, es más, incluso pensé darme la vuelta por el banco de atrás, pero se vería muy sospechoso. De todas formas, nada paro a Edward para que agarrara mi brazo y no me dejara cumplir mi cometido de 'llegar sana y salva a la puerta del salón'
— ¿Me vas a hacer 'la ley del hielo'? — me pregunto con tono burlón, rodando sus ojos cuando dijo la ultima parte. Jale mi brazo para alejarlo de su maldito tacto que hacia estragos en mi mente. Lo miré y sonreí irónicamente antes de pasar por su lado, directo a mi salvación, en otras palabras, fuera del salón — Esto no se quedara así Bella, sabes que puedo ser muy insistente — el gesto obsceno que le hice con mi dedo medio fue suficiente para tener su silencio...aunque fuera por ahora.
Como era de esperarse los pasillos estaban colapsados por los estudiantes que corrían de un lugar a otro para llegar a sus clases. Nunca entendí porque tanto alboroto para entrar a una clase, perfectamente se puede caminar, sin tener la necesidad de ir golpeando todo a tu paso y regalando mochilazos al mundo, como lo venía haciendo Lauren. Me apegue lo más que pude a la pared, tratando de esquivar los golpes asesinos que hacia con su bolso Louis Vuitton ¡Ja! Después de pasar casi una vida junto a Alice, algo de moda tengo que saber ¿no?
— ¡Ah! ¡Quítense! — chillo con esa voz que hacia resonar mis pobres oídos — Malditos estúpidos — siseo entre dientes. Era mi imaginación o ella tampoco estaba en su mejor día. Y para mi mala fortuna poso sus ojos en mi — Bella cariño, catorce días — me guiño un ojo y sonrió espeluznantemente.
Suspire, arrastrando mi espalda perezosamente por la muralla hasta dar contra el frío suelo del pasillo. Ya casi no quedaba gente, y por alguna extraña razón mi cabeza daba vueltas y vueltas. Puse mi mochila contra mi pecho y respire un par de veces antes de poner de pie y caminar a mis otras clases: Matemática, todo con normalidad, no aprendí nada y lo único que pude deducir fue que la 'x' se reemplazaba por algo; Lengua, pan comido. Y finalmente me infierno, alias, Gimnasia.
— ¡Swan! — Demonios, me puse de pie y camine donde el entrenador O'Connell — ¿Y su pareja? — me pregunto cuando llegue a su lado, con ese volumen tan bajo de voz. Jo, algo característico de el. Rodé mis ojos ¿Es que acaso no sabía que todos huían de mí en esta clase?
— Aquí esta entrenador — Quise golpear su maldita quijada para borrar esa sonrisa de 'te lo dije' que tenia pintada. Suspire y me cruce de brazos, el entrenador apretó mi hombro ligeramente y sonrió.
— Bien Cullen — le guiño un ojo y siguió, no entendí porque demonios hizo eso — ¡Ahora, empezaremos con Tenis! — grito, acaparando la atención de todos. Gemí ¿Tenis? Oh Dios.
— ¿Pa-para que quieres ser mi compañero? — le pregunte a Edward, que se había quedado a mi lado.
— ¿Me estas hablando? — me pregunto, con fingido asombro. Bufe y le di la espalda — Um, porque no tenias compañero — dijo despreocupadamente — Además, te dije que no se quedaría así — agregó. Rodé mis ojos y comencé a caminar a donde se encontraban las raquetas.
Quería con todas mis fuerzas que una de esas bolas se estrellara justo en su preciosa cara. Ouch, le iba a doler, y mucho.
Tome la raqueta entre mis manos, con una fuerza que nunca pensé que tenía. Uno, dos, tres, arroje la pelota de tenis al aire y trate de darle con la raqueta; falle penosamente, escuche una pequeña risita a mi lado pero no les preste atención. Volví a hacer lo mismo que había hecho anteriormente y cerré mis ojos por si golpeaba a alguien ¡A quien mierda iba a golpear si no le daba a la pelota! Bufe y me prepare nuevamente, me quede de piedra cuando sentí a alguien tras de mi rodear mis brazos con los suyos.
— Estas agarrando mal la raqueta, Bella — susurro a mi oído. Yo solo escuchaba un maldito zumbido, las manos de Edward sobre las mías me tenían los pelos de punta. ¿Dije que me había sonrojado? Bueno, lo digo ahora.
— Um, mhm — ¡Oh wow! Pero que vocabulario más amplio. Tan cerca de mi oído se encontraban los delic-lo labios de Edward que pude sentir la estúpida sonrisa que se asomo en ellos.
— Pon tu mano aquí — Guió mi mano derecha a la parte inferior del mango de la raqueta y la otra la sostuvo entre sus manos, dejándome mas embobado que antes — Ahora, ten la pelota — me entrego la pelota con la otra mano libre — Tírala — arroje la pelota al aire, y en un movimiento preciso; gracias a la ayuda del brazo de Edward, golpee la pelota con fuerza ¡Y paso la bendita red!
— ¡Yay! — chille arrojándome a los brazos de Edward. Me tense cuando me di cuenta de lo estúpida que había sido, me aleje rápidamente ante su mirada confusa y carraspee — Um, gracias — mi vista fija en mis zapatos.
— De nada — dijo, y se alejo de mí.
Estuvimos jugando hasta que el entrenador dijo 'basta', o sea, al final de la clase. Edward me dejaba ganar la mayoría del tiempo, y yo alegaba por eso a lo que el respondía con una simple sonrisa. Hubo una vez donde se cumplió mi deseo, la pelota dio directo en su cabeza; Jum, en vez de reírme, como quería hacerlo, corrí a ver si se encontraba bien. El chichón en la frente de Edward me hizo sentir culpable por el resto de la mañana.
— ¡Pero que demonios te paso ahí! — chillo Emmett con exageración apuntando la frente de Edward.
— Me golpearon con una pelota de tenis — contesto el aludido simplemente — En fin, me lo merecía — me dio una rápida mirada y siguió con su comida. Suspire jugando con la manzana que tenía entre mis manos.
El almuerzo paso sin mayores preocupaciones. Por alguna extraña razón Rosalie pasaba su mirada de mi a Edward repetidas veces, una vez la pille mirándome con cara de 'aquí hay algo que yo no se' y alce una ceja, tratando de llamar su atención y ver que demonios le pasaba. Claro, la rubia sonrió y se encogió de hombros, enfrascándose en una conversación de autos con Emmett y Edward.
Bien, mi cabeza rememoraba el beso con Edward como una película muda, todo pasaba en cámara lenta y debo admitir que a pesar de que no quería aceptarlo, este idiota besa sensacional. Hum, aunque si me pongo a comparar aquel beso de La Push, con el que me dio en la cocina de mi querido hogar; Sip, definitivamente el primero fue mucho más dulce el segundo fue más, como decirlo, una necesidad.
¿Quién no se tentaría teniendo esos malditos labios tan cerca de los suyos?
— ¡Señorita Swan! — Respingue ante el grito del profesor — Déme la respuesta — Mierda, ¿Respuesta de que? Me enderece en la silla y carraspee incomoda.
— Um, eh, ¿Dos? — solté sin pensarlo, la clase entera se largo a reír y mis mejillas iban a explotar de tan rojas que estaban.
— No, esa no era la respuesta — El señor Garner m miro con enfado y continuo con la clase, después de darme una advertencia — Próxima vez y la saco del salón — Asentí patéticamente.
Comencé a tamborilear mis dedos sobre la mesa, la mirada insistente de Mike me estaba sacando de quicio ¿Por qué tenía que ser el mi compañero de banco en la clase de Historia? Hubiera preferido mil veces a Lauren...Ok, no, no lo hubiera preferido. Un incesante 'temblor' en mi pierna me llamo la atención, luego de un segundo capte que se trataba de mi telefónico celular, lo saque mirando al frente para que el señor Garner no me regañara nuevamente.
Hey Bells, ¿Así que te gusta Edward? Hablaremos de eso luego, y no, Alice no sabe pero se enterara. Es Alice.
R.
— ¡Mierda! — chille, tapando mi cara con mis manos ¿Cómo se había enterado Rose? Las pequeñas risitas que se escuchaban me alarmaron de que...lo había hecho de nuevo, había pensado en voz alta y para desgracia mía el profesor caminaba con una mirada nada grata — No se preocupes, ya salgo — le dije poniéndome de pie, caminando avergonzada a la puerta del salón.
Rose, Rose, Rose, mi querida Rose.
Suspire mientras caminaba por los desolados pasillos ¿Cómo se había enterado Rose? ¡Yo actuaba con normalidad! Bueno, tampoco fue una afirmación, así que simplemente puedo decirle que esta loca e imagina cosas, es más puedo decirle que fue una estupidez que creo su cerebro, una alucinación. Bien pensado Bella.
En el lugar donde se encontraban los casilleros, había una pequeña puerta que tenía los artículos de limpieza. La verdad es que ahora mismo estoy pensando que no solo hay artículos de limpieza. Los raros sonidos que se escuchaban desde el otro lado de la puerta despertaron mi curiosidad, pare frente a la puerta y conté ¡Uno, dos tres! La puerta estaba abierta.
Hmpf, soy la persona con peor suerte que ha pisado la tierra.
— ¡Lo siento! — chille, volviendo a cerrar la puerta de un golpe y prácticamente saliendo espantada del lugar.
La cara de Edward era todo un poema cuando lo pille in fraganti.
No puedo decir lo mismo de Jessica. Oh, la muy bastarda tenia una sonrisa de mil colores; no se de donde saque eso. En fin, Edward y Jessica se comían sus bocas en el armario de la limpieza y por una extraña razón, no tan extraña, me hervía la sangre al ver que otra chica...
Jo, como si fuera la primera vez que lo viera con una chica.
Madura, Bella, madura.
Seguí mi trayecto y me quede en la cafetería, las señoras que te daban las asquerosa comida se encontraban en la cocina y una agradable música salía desde allí, me acerque a la mesa más cercana y corrí la silla para quedarme ahí hasta que acabara la hora.
— ¡Bella! — ¿Qué no podía simplemente ir a clases? Bufe cuando lo vi parado en la puerta de la cafetería, decidido a hablar conmigo. Cosa que yo no quería del todo ¡Esta bien! No quería hablar nada con el — Um, ¿Estas bien? — me pregunto, corriendo cuidadosamente la silla que estaba a mi lado para tomar asiento.
— Si Edward, estoy bien — respondí con cansancio. Apoye mi frente contra la mesa, si el no estuviera aquí estaría dándome cabezazos con la superficie.
— Bella, yo...— escuche un suspiro y después le siguió el silencio. Rodé mis ojos.
— ¿Me has explicado alguna vez porque te besabas con una chica? — ladee mi cabeza, mi mejilla estaba ahora contra la mesa, para verlo mejor. Edward negó — Bien, ¿Por qué quieres hacerlo ahora? No es como si me importara que te besaras con todo el mundo — agregué, restándole importancia; muy mal por cierto — Incluyéndome...— callé cuando me di cuenta de lo que había dicho, y volví a azotar mi frente con la mesa.
Tonta Bella, tonta.
— No — comento, algo enfadado — Bella, tú no eres...
— Oh vamos, ¿Me vas a venir con toda esa mierda de 'No eres como las demás' solo porque soy tu amiga? — pregunte sarcásticamente. Edward me estuvo observando por un largo momento, y como si yo escuchara el 'clic' que hicieron los cables en su cabeza, una lucecita se prendió en sus ojos. Aquel maldito brillo.
— ¿Estas celosa? — me pregunto, picando mi costado con uno de sus dedos. Bufe y escondí mi rostro entre mis brazos, lo cuales estaban cruzados sobre la mesa, para que no notara mi sonrojo.
¿Celosa, yo? ¡En tus sueños!
Eh, si, claro, sueños.
— ¿Celosa? ¡Ja! ¿Por qué tendría que estar celosa? — comenté, viéndolo a través de una pequeña abertura, Edward sonrió torcidamente y se acerco a mi oído.
— Um, si quieres que te bese solo tienes que pedirlo — susurro — No me quejare — finalizo acrecentando su boba sonrisa.
— No gracias — me puse recta en la silla — No quiero que un chico — dije, viéndolo con una ceja alzada — Que besa a todas las chicas del instituto me bese a mi también — sonreí irónicamente — Gracias por tu oferta — Edward se cruzo de brazos y alzo una ceja.
— Si mal no recuerdo — comenzó, frunciendo sus labios — No protestaste cuando lo hice en la playa — me miro fijamente con sus ojos esmeralda — Ni en la cocina de tu casa. Es más — se inclino hacia delante — Sé que lo disfrutaste — su sonrisa torcida cambio para dar paso a una de satisfacción ante mi maldito mutismo.
Que no duro mucho, porque una brillante idea se cruzo por mi cabeza.
— Lo admito — suspire teatralmente — Algo me poseyó la primera vez estoy segura — Edward rodó sus ojos — Pero...— sonreí por inercia — Debo decir que la segunda vez, um, bueno. No era a ti a quien besaba precisamente — Edward frunció el ceño sin entender. Ouch, justo en su orgullo — ¿No te comente del chico pizza? — Wow, sus ojos llamearon — Lamento matar tu ego y herir tu orgullo Edward, pero sí hay alguien mas guapo que tu y créeme que daría cualquier cosa por un...
No pude seguir hablando ya que los labios de Edward atacaban los míos ferozmente. Esto se estaba saliendo completamente de mis manos. ¿Qué hacer cuando el chico por el que estas, literalmente, trastornada te besa? Opción uno: corresponderle de la misma forma; Opción dos: alejarte, porque minutos antes estuvo con otra chica y quien sabe que otras cosas aparte de besos estaban haciendo.
— ¡Oh santa mierda! — Esa voz, Oh no. Me separe de Edward como si fuera la persona más infecciosa del mundo y yo no quisiera contagiarme, mire su estúpida sonrisa antes de girarme y ver a Lauren parada en la puerta de la cafetería — ¡Tú! — chillo, apuntando a... ¿Edward? — Primero te vas con Charlotte a las gradas, luego te quedas con Jessica en el armario de la limpieza ¡Y ahora te besas con Swan! ¡Swan! — Sus ojos azules estaban clavados en mí — ¿Cómo ves? También has caído ante los encantos de Edward Cullen — Sonrió irónicamente y aplaudió — Felicidades cariño, eres una mas de nosotras — Y desapareció por la puerta.
Rememoremos.
En un solo día estaba: Charlotte, Jessica y... ¡Oh! Bella.
Ahora, en una vida escolar podíamos encontrar a: Kate, Charlotte, Lauren, Jessica, Ángela, la chica del club de ajedrez, la chica de la limpieza y quien sabe quien más...pero esperen, creoq ue me olvide de una ¡Oh si! la idiota de Bella.
Fantástico, realmente fantástico. Y pensar que mi primer beso fue robado por Jacob, luego lo siguió el idiota que tengo frente a mí y que me mira con preocupación y cautela. ¿Cuántas chicas no habían probado ya sus malditos labios? ¿Por qué rayos me hace esto a mí? Lo sé, todo es mi culpa. Así que ahora en mi boca estaba la saliva de Charlotte y Jessica, puaj. Las demás chicas no porque, ¿Se lava los dientes, no?
— ¿Bella? — mi nombre llego desde la lejanía, no me di cuenta que golpeaba mi frente frenéticamente contra la mesa. Ouch, me quedaría rojo luego.
— ¿Si? — respondí con todo mi autocontrol para no romperle la cara ¡No era su culpa! El no sabía lo que me hacían sus estúpidos besos.
— Um, sí lo disfrutaste — murmuro arrogantemente ¡El maldito estaba orgulloso de si mismo! — Como dijo Lauren, nadie se resiste a mis encantos — me guiño un ojo y se puso de pie — ¿Aún piensas lo mismo del 'chico pizza', cariño? No lo creo — y siguió el mismo camino que Lauren, dejándome ahí en la cafetería como una idiota.
Gemí de frustración.
Después de años de estar criticando a las 'Fan Girls' de Edward.
Jo, ahora yo era un miembro honorario del club.
Mhm, les pediré una camiseta si es que tienen.
8. Arrogancia: Tranquilas, busque el significado y no, no es lo mismo que egocentrismo, solo tienen un leve parecido ¿Y que más se le puede hacer? El chico valora su orgullo más que nada, es más, cree que el mundo gira a su alrededor y como si fuera poco, sonrie arrogantemente cuando se da cuenta de que su comentario esta por encima de la basura que tu dijiste.
Esta era una, um, pequeña nota mental de lo que debía anotar en casa.
Sinceramente la lista era algo personal, todo lo que salia alli eran tipos de experiencias propias junto a Edward.
Hmpf, de todas formas, aún estaba pensando en tener una camiseta '¡Go Edward!'', era mi sueño.
Dios, como amo el sarcasmo.
Me levante de la silla y salí camino al pasillo, el timbre ya había sonado y yo ni enterada. Si la señora de la cocina no me avisa, en una de esas y me quedaba encerrada en el colegio. Caminaba tranquilamente hasta mi casillero, cuando, por esas malditas casualidades de la vida... Me tope con Rose. La gran sonrisa que adornaba su rostro fue lo que me trajo a la dura y cruel realidad.
Vi mi vida pasar delante de mis ojos en un misero segundo cuando recordé el mensaje.
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Hola mis amores ..aqui ya le decimo primer capitulo de Lista de imperfecciones por Bella Swan !!Me encanta como fluye por ahora la historia ..si lo se tanto Bella como Edward en este fic estas muy safados de la cabeza jajajajjj xD y lo peor es que son unos par de ciegos !!
Okis niñas quiero sus comentarios porfass !!Besso y se cuidan
LAP