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miércoles, 26 de enero de 2011

Lista de imperfecciones por Bella Swan,capítulo 19:Troya en llamas



Capitulo 19:Arde Troya


Mis ojos permanecían cerrados.

¿Abrirlos?

Ni muerta.

— Numero uno, egocéntrico — me cubrí el rostro con las manos —Amigo de los espejos y cualquier cosa que sea similar e inclusive lo que el resto le dice sobre 'su persona', en otras palabras chicas, ve su reflejo y babea por él — Edward soltó una pequeña risita de burla.

No te burles tanto cariño.

Suspire y tome aire un par de veces. Yo tenía que conseguir esa lista.

— ¿Por qué no me pasas la lista? No es de buena educación leer cosas que no son tuyas — Trate de sonar razonable, Edward me miro y me guiño un ojo.

— Tranquila chica, esto esta interesante — respondió. Pensé en llegar tan bajo como para rogarle pero desistí, ¿Qué más da? — Numero dos, Promiscuo — Edward soltó una sonora carcajada — No lo puedes culpar por esto, Bella — fruncí el ceño y rodé mis ojos. Claro, estaba hablando de él.

— Edward, por favor — hice un puchero como Emmett y estire mi mano, para ver si conseguía algo; nada, absolutamente nada. Edward negó con su cabeza y yo quería morir.

El numero tres.

Si leía el numero tres yo moriría en la acera literalmente.

— Numero tres, Coba… — Me levante súbitamente de haciendo que Edward me tomara atención.

Improvisa Bella, improvisa, pensé.

— Levántate — Edward levanto una ceja y me hizo caso, se puso de pie y yo me cruce de brazos — Ahora, dame la lista — Exigí totalmente seria. Edward negó con su cabeza — Edward Cullen dame la maldita lista — Una sonrisa torcida aprecio en su rostro.

— ¿O qué? — me pregunto prepotentemente, cruzando sus brazos sobre su pecho. Bufe y le di un pisotón a la acera.

— O te parto la cara aquí mismo — di un paso al frente y me posicione delante de él — Ahora, dame la lista — Edward sonrió aún mas y dio otro paso.

— No — dijo, giro y carraspeo — Como decía, numero tres…—pauso y me miro por sobre su hombro. Infle mis mejillas y conté hasta…tres.

No sé qué fue lo que se apodero de mí, pero en un segundo estaba haciendo una escena en la calle, colgada de la espalda de Edward, a quien había tomado por sorpresa y ahora se reía a mandíbula batiente mientras yo trataba de no caerme de su espalda por los movimientos que hacía.

— Edward, entrégame la maldita lista ¡O tiro de tu cabello, lo juro! — Chille, Edward aún no paraba de reír y debo decir que hasta yo tenía una pequeña sonrisa adornando mi rostro.

— Numero tres, cobarde… — Dejo de reír abruptamente cuando leyó eso, y yo ya no le encontraba la gracia a la escena — Sugerido por la…— susurro, antes de quedarse quieto. Me baje de su espalda y me quede parada tras de él.

El silencio incomodo que reino en el lugar era horrible.

— Edward, yo…— alcé mi mano para tocar su hombro pero esta quedo suspendida a mitad de camino.

— ¡Bella! — el agitado grito de Alec hizo que nos volteáramos a ver. Alec tenía sus manos apoyadas sobre sus rodillas, levanto su cabeza y sonrió — Al fin ten encuentro…— susurro con la respiración agitada.

Mire de reojo a Edward y vi que tenía su mirada clavada en Alec, sus verdes ojos estaban más oscurecidos de lo normal y su mandíbula estaba tensa. Volví mi vista a Alec y le agradecí internamente por aparecer justo ahora.

— ¿Que quieres? — Edward le pregunto súbitamente con la voz ronca — ¿No te estabas divirtiendo con Jane? ¡¿Por qué demonios tienes que aparecer ahora? — rugió, arrugando la esquina del papel que seguía en sus manos.

— No estoy hablando contigo — Alec frunció el ceño y luego fijo su vista en mi — ¿Podemos hablar Bella? O… ¿Interrumpí algo? — Tenía dos pares de ojos clavados en mí, trague saliva pesadamente.

3. Cobarde: Bella es una cobarde.

— N-no, no interrumpes nada — murmure, pasando mi mano por mi cabello desenfrenadamente. Edward soltó una risa amarga.

— ¿Te irás con él? — Me pregunto con una retorcida diversión en su tono de voz — Lo viste besarse con otra chica y ahora te irás con el…— agregó despreocupadamente.

— Tú no sabes cómo pasaron las cosas — Los ojos azules de Alec flamearon cuando dijo eso. Edward le dio una mirada despectiva.

— Créeme que si se lo que paso, estábamos en primera fila, genio — Edward le respondió irónicamente, acercándose a él — ¿Qué vas a decir ahora? 'Oh Bella, ella fue la que me beso' — siguió con demasiada teatralización. Alec soltó un gruñido y avanzo hasta quedar frente a frente con Edward.

— Cállate — siseo amenazadoramente. Edward sonrió.

— ¿Qué? ¿Me vas a golpear? — Edward soltó una carcajada despectiva y luego giro su rostro — Adelante campeón, ponlo justo aquí — le dijo, apuntando su mejilla.

— ¡Ya basta! — Chille, poniéndome entremedio de los dos — ¡Están actuando como niños! ¡Ya basta! — Edward y Alec se seguían mirando de esa forma como 'Te odio y estoy esperando el momento indicado para acabar contigo'

— Vete con él, Bella — Edward soltó eso amargamente — Oh, y me quedo con esto, creo que el resto será más interesante ¿no? — Pregunto con resentimiento — Y…tu sabes muy bien que no soy el único cobarde aquí — Me quede de piedra cuando dijo eso.

Sin más dio media vuelta y se fue, dejándome helada junto a Alec.


— Alec — susurre por enésima vez, cansada de escuchar sus disculpas.

— Es verdad Bella, ella fue la que me beso, yo no quise…— gacho su cabeza y jalo de sus cabellos, se veía tan adorable así de frustrado. Suspire y desordene su cabello — Bueno si…pero, lo que quiero decir es…— reí un poco por su enredo de palabras.

— Ey, no es como si fuéramos novios o algo así — rodé mis ojos restándole importancia — Aun te gusta Jane, puedo aceptar eso — sonreí quedamente.

Mi cabeza seguía en Edward y sus palabras, en Edward leyendo la lista, en Edward descubriendo que él era la lista…y en todo lo que me esperaba. Suspire y recogí mis piernas, abrazando mis rodillas y enterrando mi cabeza en ellas. Esto, todo esto me sobrepasaba, era más grande que yo.

Oh, y mamá me debe una gran explicación acerca de su traición.

¿No se supone que yo soy su hija?

— ¿Estás bien? — me preguntó Alec suavemente. Asentí y luego suspire — ¿Quieres hablar, Bella? — No, no necesitaba hablar con nadie en estos momentos.

— ¿Y Jane? — le pregunto, tratando de cambiar el tema, mientras levantaba mi cabeza.

— Entro al club — respondió encogiéndose de hombros, tratando de restarle importancia a la situación — ¿Qué estabas hablando con Edward? — pregunto curiosamente, le sonreí con amargura.

— ¿Qué estabas hablando con Jane? — le pregunte devuelta, aún con la sonrisa en mis labios, la cual fue correspondida. Alec suspiro y paso su brazo sobre mis hombros, atrayéndome a él.

— El amor apesta ¿huh? — me dijo, besando la cima de mi cabeza. Reí sin ganas.

Amor.

Que mal sonaba esa palabra.


— ¡Traidora! — Chille enajenada — ¡¿Por qué demonios le diste la lista a Edward? ¡Eres mi madre, por Dios! — me cubrí el rostro con las manos tratando de tranquilizarme, no podía parar de pasearme por la sala de estar.

— ¡No me hables con ese tono! — Chillo Renée, poniendo sus brazos en forma de jarra — Lo hice porque tienes que acabar con todo eso jovencita — Bufe y mire el techo por un rato.

— ¡No es de tu incumbencia! ¡¿Por qué siempre te metes en lo que no debes mamá? ¡Eso era mío y de nadie más! ¡Agh! — Me tire sobre el sofá y cruce mis brazos — ¿Sabes? No soy tu mayor fan ahora — Los zapatos de mamá sonaron contra el piso cuando volvió a la cocina.

— ¡A tu habitación, ahora! — chillo hecha una furia desde la cocina, me levante del sillón y camine perezosamente a la escalera.

— ¡Oh Dios, moriré encerrada en mi habitación, que cosa más horrible! — chille con sarcasmo mientras subía la escalera. Escuche un '¡Ahora Isabella!' antes de cerrar la puerta de un portazo.

Lo peor de todo era que ella estaba enojada conmigo ¡Ella! Algo que no podía ser porque fue ella quien me traiciono, fue ella la culpable de que Edward tuviera la lista en sus manos. Me eché sobre mi cama hecha bolsa, ya no quería más problemas…Oh, y lo peor aun es que me espera un problemón, uno bien grande. La puerta de mi habitación se abrió con un suave chirrido, me gire dándole la espalda.

¿Qué nadie entendía que no me apetecía hablar?

Parece que no.

— Voltéate — La voz demandante de Emmett me saco de mis casillas ¿Ahora él también se enojara conmigo? — Voltéate Isabella, vamos a hablar quieras o no — Suspire resignada. Era tan fácil descifrar cuando alguien estaba enfadado conmigo, solo bastaba el 'Isabella' para deducirlo.

— ¿Qué quieres tu también? — pregunte hastiada. Emmett tenía el ceño levemente fruncido, se acerco a mi cama y se sentó junto a mí.

— ¿Qué mierda es eso de la lista? — Si yo era directa en algunas ocasiones, Emmett iba al grano sin pensarlo.

— ¿Quién te fue con el cuento? ¡Oh, espera, ya se! Fue mamá — rodé mis ojos enfurecida — Te diré lo de la lista. Es un juego que tu novia y la querida Alice aceptaron por mí, y claro, yo no me negué. Si cariño, mi misión era buscar imperfección en 'la perfección que es Edward' — Suspire y me cubrí el rostro con las manos — ¿Quieres detalles, quieres que te diga los diez puntos que alcance a escribir antes de que mamá le diera la lista a Edward? — le pregunte irónicamente. Emmett soltó un largo suspiro.

— ¿Edward tiene la lista? — Asentí — Dios… — miré a Emmett por entre mis dedos y vi como negaba con su cabeza — ¿Has hablado con él? — me preguntó luego, negué.

Hablar con Edward era lo menos que podía hacer ahora.

— ¿Cómo quieres que hable con él? — Descubrí mi rostro y me acomode sentada junto a Emmett — Emm, no puedo hacerlo, ¿Qué le diré? — murmure angustiada. Apoye mi cabeza en el hombro de mi hermano y suspire, Emmett me rodeo con uno de sus brazos y con el otro desordeno mi cabello.

Sonreí, recordando a Alec hacer lo mismo.

— Bella, tienes que hablarle — Si, ahora odiaba cuando Emmett se ponía serio — Edward, el…no debe estar pasándola muy bien — Emmett suspiro — Para nada bien si tú dices que la lista se basaba en él y para colmo estaba escrita por ti — La culpa comenzó a inundarme.

Bella, eres un monstruo. Me dije internamente.

— Mamá tiene la culpa — susurre, tratando de convencerme a mi misma de eso.

— Sabes muy bien que eso no es verdad, tal vez mamá ayudo a que se adelantara lo que sea que va a pasar — Emmett comenzó a acariciar mi brazo tiernamente — Pero ella no es la culpable, y está muy arrepentida de haberlo hecho Bells — Suspire y rodé mis ojos.

— En otras palabras te mando a decirme que lo sentía ¿no? — pregunto, levantando mi vista para mirar a Emmett, mi hermano sonrió con su característica alegría.

— Bueno, algo así — Se encogió de hombros y se puso de pie, jalando de mi mano para que lo acompañara — En realidad ella quiere disculparse de chica a chica, tu sabes — Emm rodó sus ojos y yo sonreí genuinamente.

Mamá estaba apoyada contra la encimera, su cuerpo temblaba tenuemente y la culpa volvió a mí. Emmett me dio un empujoncito para que me acercara, 'empujoncito' entiéndase por un empujón por parte de Emmett. Me acerque titubeante, cuando estuve lo suficientemente cera de mamá como para ver que por mi culpa y mi maldita boca la había hecho llorar mi corazón se estrujo.

Hizo un suave crush.

— Lo siento mamá — susurre, dándole un fuerte abrazo que me fue correspondido — Sabes que siempre seré tu fan ¿no? — trate de bromear, pero las lagrimas agolpándose en mis ojos no me dejaban hacerlo muy bien.

— Perdóname pequeña — mamá beso mi mejilla y me abrazo aun mas fuerte — tu sabes que quiero lo mejor para ti ¿no? — reí y rodé mis ojos.

— Por favor no me digas que lo mejor para mi es que me arregle con Edward — Renée bufo y yo sonreí.

— Bueno, no digo nada entonces — nos sonreímos y luego fuimos aplastadas por Emmett.

— ¡Aw! ¡Abrazo familiar! — Emmett nos abrazo a las dos, casi sacándonos el aire.

Bueno, las madres siempre quieren lo mejor para uno.

Aunque hagan el más grande de los errores.


Era increíble como el clima cambiaba tan drásticamente en Forks. Y yo era una de esas personas que amaba la lluvia, si, la amaba. Sobre todo caminar bajo ella sin un paraguas. Luego de mi charla con Emmett y de que mamá se disculpara por haberse metido en cosas que no debía decidí tomar un paseo. Tal vez necesitaba hablar con Edward de todo esto, bueno, si él quería hablarme después de que leyera la lista. Ya me encontraba un poco empapada por la pequeña llovizna que caía, mi sorpresa fue tan grade cuando llegue al parque y en una de las bancas vi a una persona tan malditamente conocida para mí.

Me acerque lentamente y me quede parada tras la banca.

Inhala, exhala.

— ¿E-Edward? — susurre, tocando su hombro para que volteara. Edward volteo a verme, su cabello estaba más desordenado que de costumbre y sus ojos carecían de aquel brillo que los hacían tan particular.

Crush, mi corazón hablaba por sí solo.

— Ten — me dijo escuetamente entregándome la lista, estire mi mano temblorosamente a para tomarla, y justo cuando alcance la esquina Edward la retiro — Espera, primero que nada, debo decirte algunas cosas — dijo soltando una amarga risita.

— Edward, yo puedo explicarlo, lo juro — la desesperación se estaba apoderando de mi persona. Edward hizo una mueca con sus labios y sus ojos llamearon.

Estaba perdida, prácticamente.

— Oh, ¿Qué me vas a explicar? — me pregunto, con oscura diversión — ¿Qué no querías hacerlo? ¿Qué te obligaron? — Rió sin humor — ¡¿Qué yo era tu maldito conejillo de indias? — rugió, mirándome hostilmente. Me estremecí con aquella mirada.

— ¡Fue un estúpido juego, lo admito! — chille, sentía mis ojos escocer.

— Egocéntrico, promiscuo, cobarde, bipolar, celoso, impulsivo, insensible, arrogante, inoportuno, cruel — Edward abrió sus ojos fingiendo sorpresa — Dios, soy un ser despreciable ¿No lo crees? — agrego burlonamente, me encogí en mi lugar.

— Edward, yo…— no pude seguir hablando por el maldito nudo que se había formado en mi garganta.

— Y lo peor es que…— Se jalo los cabellos y luego volvió su vista a mi — ¡Tu eres la única culpable de que yo haga esto! — espeto con voz contenida, agitando el maltratado papel que tenía entre sus manos desenfrenadamente.

— ¿Yo? ¿Por qué? — pregunte incrédula, viendo como sus manos se crispaban más y más. Estaba asustada, tenía que admitirlo ¿Cómo un estúpido juego puede volverse algo tan espantoso?

Porque te amo — susurro antes de darse media vuelta y tirar el papel hecho una bolita al suelo.

Una estatua parecía estática en mi lugar, viendo como se alejaba.

Lo había arruinado todo, pero...

¿Había escuchado bien lo que había dicho?